El tercer álbum de larga duración Estasis Interrumpida de Sönambula, publicado en 2023, supuso un momento de consolidación en su avance hacia un death metal clásico cada vez más incisivo y definitivamente apartado de las inclinaciones doom de sus primeras etapas. En este trabajo la banda apostó por una mayor velocidad, un enfoque más áspero y una contundencia directa, aunque sin renunciar al carácter turbio y malsano que siempre la había acompañado.
El disco, integrado por nueve temas, recurrió a una narrativa de atmósferas que dialogaba con el universo de Alien. Esta línea se introducía desde “Última Superviviente” y encontraba un punto de inflexión en el interludio “Cuarentena”. Más allá de esas pinceladas cinematográficas, el álbum se desplegó como una obra feroz y directa: “Respirando Muerte” marcó la pauta general, mientras que “Caos y Gloria” elevó la velocidad y el grado técnico con una sucesión casi ininterrumpida de cambios rítmicos y riffs encadenados. Otros cortes ampliaron el espectro expresivo, como “Oasis Lisérgico”, en el que sobrevivían ecos de tempos más densos, frente a la agresividad implacable de “Agua de Ruina” o “Cruz de la Desesperanza”. La voz abismal de Decline se impuso en piezas como “Fury 161”, “Pausa Solemne” y “Desolación”, antes de desembocar en una extensa coda final que retomaba los guiños cinematográficos con los que se cerraba el círculo conceptual del disco.
Este tercer trabajo confirmó a Sönambula como una de las propuestas más sólidas dentro del metal extremo vizcaíno. La banda logró un sonido más musculoso y elaborado sin perder el espíritu underground que siempre había iluminado su trayectoria. Un lanzamiento contundente y absorbente que dejó una huella notable entre quienes buscaban death metal sin concesiones.
Este proyecto en solitario surge como la manifestación más insondable de Frosk, el arquitecto del riff que forjó su nombre en Hekseblad y Frog Mallet. Publicado en 2023, este engendro sonoro de 7 himnos malditos se levanta como un monolito de USBM puro: frío, lacerante y saturado de una melancolía que se arrastra como un espíritu en pena entre ruinas ancestrales. Cada tema es una herida que supura miseria, un testamento a la habilidad casi ritual de Frosk para manipular sombras, distorsión y angustia hasta moldearlas en un único y abrasador acto de devoción a la oscuridad.
La obra deambula entre el lamento enfermizo del DSBM, la agresión primitiva que muerde con colmillos de hielo y los pasajes espectrales de dungeon synth que se elevan como vapores de criptas olvidadas. Es un descenso, no un simple álbum: un viaje litúrgico donde las guitarras se convierten en cuchillas, los ritmos en pulsaciones de un corazón muerto y los silencios en presagios que acechan desde la negrura.
Concebido para los verdaderos acólitos del metal más extremo, este lanzamiento de 2023 se erige como un artefacto trve kvlt, una reliquia maldita destinada a resonar eternamente en los abismos donde la luz jamás se atreve a entrar.
Inspirado en El Gran Grimorio, o El Dragón Rojo, aquel volumen maldito que desde el siglo XVI arrastra una reputación teñida de sangre, locura y silencios prohibidos, este álbum no pretende imitarlo… sino canalizar su sombra. Cada resonancia parece extraída de un manuscrito que nunca debió existir, como si las páginas mismas hubieran exhalado un eco que ahora se convierte en sonido. No es música: es un vestigio. Una filtración. Un murmullo del fondo más profundo del abismo.
Dividido en seis temas —seis golpes de pútrida respiración, seis latidos de algo que observa desde detrás del umbral—, el álbum se despliega como un códice ennegrecido. Cada pieza es una grieta que se abre un poco más, dejando escapar un frío antinatural que no proviene del viento, sino de un silencio que precede a lo innombrable. Seis capítulos escritos en un idioma que no pertenece a ningún mundo humano, seis puertas que, una vez oídas, no pueden volver a cerrarse por completo.
A medida que avanza, la obra se hunde en un territorio donde la noción de luz es una memoria quebrada. Los sonidos se retuercen como miembros deformes; las texturas, densas y corroídas, palpitan con la familiaridad de algo vivo. No ofrece consuelo, ni respuestas: solo la certeza de que lo que se escucha no está solo.
Este álbum es un grimorio sonoro que no enseña, sino que advierte. No invoca, pero presagia. Se limita a abrir un resquicio hacia un lugar donde lo humano se disuelve, donde la oscuridad no es ausencia, sino presencia consciente. Los seis temas no buscan guiar: buscan arrastrar, seducir, y finalmente abandonar al oyente frente a la insondable profundidad de lo que jamás debió ser despertado.