En una era marcada por la claudicación y el desgaste espiritual, el segundo trabajo de AETHER, Verfallsschemen, emerge como un monolito de ruina, ceniza y desolación consciente. Concebido como una obra cerrada y deliberadamente austera, el álbum se articula en cuatro temas, cuatro movimientos que no funcionan como canciones aisladas, sino como etapas de un mismo descenso.
Lejos de cualquier estructura complaciente, Verfallsschemen no aspira a ser una mera sucesión de composiciones: es una inmersión ritual, un espejo implacable de la fractura interior. Entre una melancolía glacial y estallidos de autodestrucción controlada, la obra edifica un paisaje sonoro que rechaza cualquier promesa de redención. Aquí, la belleza no se encuentra en la luz, sino en la contemplación prolongada del abismo.
Cada nota destila nihilismo; cada transición resuena como un testimonio del vacío persistente. Para quienes no se conforman con escuchar, sino que buscan confrontar y sentir, Verfallsschemen no es simplemente un álbum: es una experiencia corrosiva, que arde, se fragmenta y se consume, dejando tras de sí una liberación tan incómoda como inevitable.
Un viaje a través de la oscuridad más profunda es lo que propone Apocryphis con su primer EP, Your Church Is Burning.
Desde Italia, la banda emerge de las sombras con una obra concebida como un descenso sin retorno hacia lo prohibido. A lo largo de cuatro temas, el grupo esculpe un paisaje sonoro denso y opresivo, donde cada nota hiere, cada riff se clava y cada silencio presagia destrucción.
El recorrido se inicia con “Your Church Is Burning”, un acto incendiario que da nombre al EP y prende fuego a este viaje sonoro, abriendo las puertas de un ritual blasfemo y abrasivo. La oscuridad se retuerce en “Sadomasochistic”, cover del clásico de Carpathian Forest, reinterpretado con una crudeza aún más visceral y llevado a un terreno más áspero y extremo.
La caída continúa con “After Twenty Years of Silence”, una composición cargada de tensión y melancolía corrosiva, como una voz que regresa tras décadas sepultada bajo cenizas y ruinas. El cierre llega con “Breathe”, cover de The Prodigy, transformado aquí en una experiencia sombría y claustrofóbica, donde la agresividad original se transmuta en un aliento viciado y perturbador.
Your Church Is Burning no busca convencer ni complacer: es una inmersión total en la penumbra, un viaje que consume creencias, erosiona la calma y deja al oyente rodeado de ecos, cenizas y una oscuridad que se niega a extinguirse.
Después de siete años de silencio absoluto, las lenguas bifurcadas de AMPHISBAENA emergen nuevamente desde las grietas del tiempo. Su segundo advenimiento toma forma en siete himnos malditos, siete fragmentos de una herida eterna reunidos en su obra más implacable y consumada hasta la fecha: Rift. Durante una década marcada por la ruina, el álbum fue forjado con una paciencia inhumana, ensamblado en tres cámaras de grabación donde la esperanza se extinguía al entrar. En medio del caos, de la agonía y de la descomposición espiritual de estos años malditos, nació algo hermoso, antinatural, destinado únicamente a quienes poseen la fortaleza para soportar su peso.
El viaje se abre con Rift I – Wading the Deserts of Earth, un arrastre por los desiertos metafísicos de nuestro mundo agónico; y continúa con Rift II – Opening of the Eye, donde una visión prohibida desgarra las membranas de la percepción humana. El ascenso aberrante culmina en Rift III – Ruinous Godlike Simulacra, un tributo deformado a divinidades que existen solo como sombras de sí mismas. A partir de ahí, la carne del cosmos comienza a retorcerse con Braying of 70,000, un clamor de almas fracturadas; se parte en astillas ígneas con Scaled Ekpyrotic Splinters; se desintegra en ascenso invertido con Exponentially Falling… Upward; y finalmente desaparece en el abrazo final de Congress with the Void, donde toda conciencia es absorbida, triturada y olvidada.
En Rift, AMPHISBAENA expande aún más su insondable paleta sonora. Negándose a quedar confinados a su núcleo de black death metal oscuro y ennegrecido, desvían sus guitarras de ocho cuerdas y sintetizadores modulares hacia abismos de doom, atmósferas de ambient funerario y destellos progresivos que rozan la demencia. No hay espacio para puristas: Rift oscila entre tinieblas cavernosas, explosiones caóticas y ambientes atonales que crujen como un universo muriendo.
Esta alquimia sonora proyecta la visión de la lucha interminable —y en última instancia inútil— de la humanidad por encontrar un propósito en un cosmos cruel, violento e indiferente. En la confluencia del horror cósmico, la revelación sacrílega y la trascendencia posthumana corrompida por máquinas rotas, surge una transmisión enterrada más allá de los límites de lo existente: siete himnos desfigurados dedicados a dioses que ya no escuchan.
Rift es la llaga primordial que jamás cicatriza. Es el corte entre realidades opuestas, la mirada dual que AMPHISBAENA encarna. Entre el caos y la estructura, la melodía y la disonancia, el vértigo y la quietud, la vida y la muerte, el antes y el después, las dos serpientes se entrelazan en el punto exacto donde todo se equilibra… y se quiebra.
Cruza la Grieta. Pero recuerda: lo que cae en ella nunca vuelve.
El segundo EP de la banda costarricense Astral Casket, titulado “Iconoclastic”, emerge como un manifiesto sonoro que desciende a los recovecos más inhóspitos de la conciencia humana. A lo largo de seis composiciones implacables, el grupo confronta las ideologías religiosas y políticas que, de forma silenciosa pero persistente, modelan el comportamiento de las masas en todo el mundo. Sin jurar lealtad a ningún dogma, el álbum se erige como un desafío frontal a las estructuras de poder que condicionan la percepción, la conducta y la experiencia espiritual del individuo.
El viaje inicia con “Gore Drenched Euphoria”, una apertura visceral que irrumpe como un rito de desgarro y purificación, preparando el terreno para el desencanto que se avecina. Continúa “Sacred Misanthrophy”, una crítica sombría a la sacralidad impuesta, que revela la misantropía latente en las instituciones que prometen redención mientras siembran sumisión. En “With Hate Towards All”, Astral Casket encarna una furia que no glorifica el odio, sino que lo convierte en un arma de resistencia frente al adoctrinamiento colectivo.
El corazón conceptual del EP se manifiesta en “Iconoclastic”, donde la banda derriba simbólicamente los ídolos que han limitado el pensamiento humano, proclamando la independencia de la voluntad frente a cualquier estructura que pretenda dictar el sentido de la existencia. Luego, “Blasphemous Coven” desciende a un territorio aún más oscuro, evocando ceremonias prohibidas como metáfora del cuestionamiento extremo y de la transgresión necesaria para recuperar la autonomía interior. Finalmente, “Damned by Choice” cierra el álbum con una declaración contundente: la condena no es un destino impuesto, sino la consecuencia consciente de elegir la libertad por encima de la obediencia.
Con “Iconoclastic”, Astral Casket consolida su presencia como una fuerza disruptiva dentro del panorama extremo, ofreciendo una obra que no solo incomoda, sino que convoca a una reflexión profunda sobre las estructuras que nos gobiernan, las sombras que nos persiguen y los límites que, muchas veces, permitimos que otros dibujen por nosotros.
La banda húngara de death metal ANGERSEED regresa desde las sombras con “Rapture is Mine… Glory is Ours”, un álbum que marca un renacimiento tras años de silencio y adversidad. Este trabajo es la culminación de un proceso duro y corrosivo, y refleja la voluntad férrea de la banda —especialmente de su líder, Peter D. Maniak— de abrirse paso a través de la oscuridad.
Maniak asume un control creativo absoluto: compone, estructura y define cada pieza del disco, redibujando el sonido de Angerseed hacia una forma más sombría, opresiva y despiadada. El álbum mezcla death metal clásico con una agresividad técnica afilada: riffs densos, medios tiempos pesados, blastbeats implacables y estructuras que respiran violencia ceremonial.
Las letras mantienen la introspección crítica del pasado, pero ahora se adentran en un territorio más místico, simbólico y oculto, creando un concepto subterráneo que atraviesa el álbum sin revelarse completamente.
Con ocho temas principales y cerca de 45 minutos, este es el trabajo más compacto, disciplinado y oscuro de su carrera. El cierre llega con un tema extra en húngaro, una pieza distinta y cargada de significado, que condensa los 33 años de trayectoria de Maniak y esconde claves para quienes escuchen con atención.
“Rapture is Mine… Glory is Ours” no es solo un retorno: es la proclamación de una nueva era para Angerseed, más severa, más profunda y completamente forjada en la oscuridad.
“Le Feu sous la Glace” no solo cumple con las promesas de Anges de la Mort: las arrastra a un abismo más profundo. El título no es una metáfora, sino una advertencia: es la colisión primigenia entre dos fuerzas que jamás deberían coexistir. La canción se despliega como un cataclismo silencioso, un glaciar encendido desde dentro por un fuego profano que corroe, desgarra y consume. Es un himno de transformación violenta, donde los riffs se retuercen como serpientes heladas ardiendo en un aliento infernal. Cada compás es una maldición rítmica que se adhiere a la carne. No es solo una pieza memorable: es un eco que persiste, un conjuro que exige repetición. — Islander, NCS zine
El dúo montrealés Anges de la Mort emerge nuevamente del yermo con un sencillo que funciona como su propio presagio: la primera grieta de un álbum que se aproxima como una tormenta negra. Grabado por Patrick McDowall (Spectral Wound) y con salida prevista para 2026, el disco será sometido a la crudeza implacable de la masterización de Joel Grind (Toxic Holocaust), asegurando un sonido que no concede refugio ni respiro.
El tema principal, “Le Feu sous la Glace”, es un ritual dedicado a los inviernos interminables que desgarran Quebec, una ofrenda a la agonía del deseo condenado a hibernar bajo capas de hielo que parecen eternas. En esas profundidades congeladas, la llama persiste como una bestia encadenada: retorciéndose en silencio, mutando en lo oculto, hasta detonar en una hambre demoníaca que perfora el hielo desde dentro. Es la furia reprimida, la carne temblando bajo siglos de escarcha, la vida reclamando su derecho a incendiarse.
La filosofía de Lemmy —“La respuesta al misterio de la vida es simple y directa: sexo y muerte”— se convierte aquí en dogma. Su sombra se proyecta sobre la cara B del sencillo, “Sex & Death”, un tributo ardiente a la brutalidad de Sacrifice, el disco de Motörhead que cumple treinta años sin haber perdido su filo de cuchilla ritual. Anges de la Mort canaliza ese espíritu, lo arrastra al lodo, lo purifica en fuego y lo devuelve como una ofensa sacramental, como un grito primigenio dirigido a todos los cielos que nunca respondieron.
Con este lanzamiento, ADLM afila su credo y profundiza su herida: resucitar la magia peligrosa y la esencia indómita del black metal ancestral. Nada de esterilidad quirúrgica ni producción plastificada; tampoco caos sin propósito. Buscan un filo perfecto: la violencia con intención, la crudeza con alma. Marshall rugiendo como bestias, Gibson desgarradas hasta sangrar electricidad, y la columna vertebral punk/rock’n’roll que dio vida al género cuando era más que un sonido: cuando era un arma.
Anges de la Mort se alza como un bastión en medio de una era devorada por el algoritmo y la imitación sin espíritu. Este sencillo no es solo música: es una antorcha negra arrojada a la maquinaria que intenta pulir todo hasta la muerte. Un recordatorio de que el black metal nació del riesgo, del sudor, del filo y del instinto.
Una sentencia grabada en hielo incendiado:
el black metal debe latir con espíritu y sangre… o perecer en la oscuridad.
Ya está disponible el primer sencillo de adelanto del próximo EP de Azzaya, titulado “Infernal Blasphemia”.
El tema, “Black Death Assault”, marca una nueva etapa en la evolución sonora de la banda, combinando la crudeza del Black Metal tradicional con una producción más sólida y un enfoque conceptual más oscuro y agresivo.
Este lanzamiento cuenta con la participación especial de Alexandre Clément, vocalista principal de la destacada banda portuguesa Law of Contagion, cuya poderosa interpretación aporta una dimensión adicional al carácter sombrío y devastador del tema.
"Black Death Assault" sirve como una muestra contundente del sonido y la atmósfera que Azzaya desarrolla en “Infernal Blasphemia”, un trabajo que promete llevar al oyente a través de un viaje infernal cargado de blasfemia, oscuridad y energía desbordante.
Scars Of Divine Rebellion se levanta como una maldición sonora forjada en el núcleo ardiente del caos primigenio, un testamento blasfemo que reaviva el espíritu más abismal del Doom Black Metal noventero. Este álbum no rinde homenaje: profana, demuele y sepulta. Cada riff surge como una daga ritual atravesando el velo entre los vivos y los muertos, invocando la pestilencia sagrada del Dark Metal y la decadencia espectral del Gótico como armas de trascendencia espiritual.
Lo que aquí se manifiesta no es música, sino un acto sacrificial. Las sombras de Rotting Christ, Samael y Varathron se arrastran como serpientes litúrgicas entre los escombros de un templo en ruinas, mientras la voz del abismo convierte la herejía en doctrina. Cada composición es un decreto de guerra contra la luz, una invocación del luciferismo en su forma más cruda y gnóstica, no como blasfemia vacía, sino como trascendencia violenta y reveladora.
Scars Of Divine Rebellion es la apertura del portal final, un descenso irreversible donde el alma se enfrenta a su desgarro divino. Este álbum no promete redención: promete la disolución total en el fuego negro de la gnosis prohibida.
El despertar del abismo comenzará el 02 de Enero de 2026.