DEMOLAY, banda ecuatoriana de Black Metal, dio forma a “The Malebolge”, su tercer álbum de larga duración, editado en formato CD jewel case. La obra compuesta por ocho piezas ejecutadas desde la vertiente más hostil, violenta y doctrinaria del Metal Negro, afirmando una postura sonora extrema y sin concesiones.
“The Malebolge” se manifiesta como un acto de negación absoluta: una ofensiva directa contra el cristianismo y sus cimientos ideológicos, donde el luciferismo fue elevado como fuerza antagonista y principio de ruptura frente a la moral impuesta. La lírica transitó entre el desprecio visceral por la cruz, la condena de la corrupción clerical y la exaltación de Lucifer como emblema de insurrección, odio y emancipación espiritual.
Cada composición opera como un golpe deliberado contra la estructura religiosa dominante. Riffs cortantes, atmósferas asfixiantes y voces desgarradas articularon un discurso de confrontación permanente, negando la autoridad divina y humana por igual. DEMOLAY construye una tormenta sonora diseñada para erosionar el dogma, invocar la oscuridad y afirmar el rechazo total a la fe cristiana.
Musicalmente, el álbum sostiene una ejecución cruda, áspera y violenta, fiel a los cánones más extremos del Black Metal, reforzando una identidad blasfema, antirreligiosa y abiertamente hostil. “The Malebolge” se consolida como una declaración de guerra ideológica dentro del underground latinoamericano, una sentencia contra el catolicismo y sus prácticas sacramentales.
La portada principal del álbum fue realizado por el artista colombiano Felipe Mora, cuya obra visual acompaña la crudeza conceptual y el carácter nihilista de este opus de los músicos quiteños.
Desde sus primeros pasos en las profundidades más inhóspitas del black metal, Darvazaha ejercido una influencia constante y perturbadora dentro del underground, una fuerza que crece al margen de la exposición y se alimenta únicamente de lo oculto. El dúo —Omega, arquitecto de atmósferas abrasivas, yWraath, voz que parece brotar del fondo de un abismo primitivo— ha transitado los recovecos más inhóspitos del metal extremo con una persistencia casi ritual. Sin embargo, es bajo el estandarte de DARVAZAdonde su alianza adopta un carácter ceremonial: una unión marcada por la confrontación, la disciplina y una voluntad incendiaria que se manifiesta como un llamado a la oscuridad más absoluta.
Hoy,DARVAZAregresa conWe Are Him, su segundo álbum de larga duración, una obra concebida como un acto simultáneo de sumisión y desafío, una afirmación de identidad que mezcla celebración profana, liberación interior e inmolación simbólica. Siete son los temas que conforman este descenso cuidadosamente trazado: el ímpetu abrasador de “Holy Blood”, la plegaria desolada de “A Last Prayer in Gethsemane”, la conflagración incontrolable de “Chaos.Fire.Devotion”, la resurrección malsana de “Lazarus”, la sangre sin dueño de “Blood of No-One”, la irreverente devastación de “Slaying Heaven” y, como epílogo y sello final, “Darvaza”, una pieza que actúa como cierre ceremonial, quemando cualquier vestigio de luz que pudiera quedar. Cada pista es una estación de un mismo rito, una metamorfosis espiritual conducida sin templanzas ni piedad.
El sonido deWe Are Himse levanta como una estructura pétrea corroída por siglos de intemperie: hostil, afilado y carente de adornos, pero ejecutado con una precisión que delata un control absoluto sobre el caos. Nada aparece al azar; cada alarido, cada embestida instrumental, cada silencio intermedio parece responder a un propósito oscuro, como si la música no fuera simple expresión sino herramienta de invocación.DARVAZAavanza con una seguridad peligrosa, con la firmeza de quienes ya han contemplado aquello que los demás apenas se atreven a nombrar. En un panorama donde elblack metal a menudo se disuelve en fórmulas previsibles, el dúo irrumpe como un recordatorio despiadado: la verdadera oscuridad no se interpreta, se encarna.
We Are Himno busca consolar ni contentar. Es una puerta entreabierta hacia un espacio donde la sombra deja de ser metáfora y se convierte en sustancia palpable.DARVAZAno solo marcha dentro de la oscuridad: la modela, la expande y la obliga a mirar directamente al que se atreve a escuchar.
El álbum debut de la hermandad serbia deBlack Metalocultista,Dungeon Sorcery, se manifiesta con el críptico título Arcane Writ of the Damned Warlock, una liturgia sonora que exige atención inmediata.
Rodeado por un espeso velo de secretismo arcano, este tomo musical desgrana un ciclo de ocho composiciones que trascienden la mera definición deBlack Metal Sinfónico. Aquí, lo "sinfónico" no es adorno, sino la arquitectura implacable de un ritual. La obra es una inmersión forzosa en la energía primordial: cada pista desata una marejada de brujería sónica que anega al oyente, induciendo un trance místico e irreversible. La música no cesa, sino que estalla en un pandemonium iluminado, llevando el alma a un abismo donde el caos no solo es tolerado, sino exaltado como principio divino.
El arte deDungeon Sorceryrompe los límites del género, especialmente a través de un predominio vocal poseído: cánticos potentes y limpios que se conjugan con los lacerantes alaridos que la tradición requiere. Esta fusión vocal, pese a su ambición, se mantiene firmemente anclada en la oscuridad intransigente delBlack Metalde los 90. El conjunto irradia una grandiosidad espectral, una oscuridad de resonancias palaciegas que satura el espacio con largos, intensos y magnánimos encantamientos forjados en la cripta.