Si el Black Metal fuese un género cinematográfico, Sicarius no rodaría entre abetos cubiertos de escarcha en los fiordos noruegos. Su escenario natural sería un callejón húmedo de Los Ángeles, iluminado por neones rotos y patrullado por sombras que no piden permiso.
Con “Nex”, la banda deja atrás cualquier tentación de sutileza para sumergirse de lleno en lo que ellos mismos describen como un “drama criminal ultraviolento”. Sicarius regresa con su primer álbum en seis años, y lo hace con determinación quirúrgica: una descarga de adrenalina compuesta por diez temas de brutalidad black metal abrasadora, yuxtapuestos con secciones sombrías que no suavizan el golpe, sino que lo preparan. Es un sonido concebido para recordarte lo efímero, la fugaz mortalidad que late bajo cada compás.
Tras un silencio tan prolongado, la duda era inevitable: ¿podrían sostener la intensidad sin diluir su identidad? No solo la sostienen; la refinan. Han subido la apuesta.
El sonido: arquitectura del caos
Desde los primeros compases de “Cold Death”, Nex no se presenta: embiste. La producción es el primer impacto, densa y asfixiante, lejos tanto de la pulcritud excesiva como del ruido amorfo que a veces domina la escena USBM. Aquí todo respira smog, acero y concreto.
La columna vertebral del álbum descansa sobre Levi Xvl en la batería, cuyo trabajo es un ametrallamiento preciso e implacable. Cada blast beat parece calculado para tensar al máximo la atmósfera. En las guitarras y voz principal, Argyris define el filo del disco: riffs afilados que dialogan con el thrash más incisivo sin perder la negrura envolvente del Black Metal. Su registro vocal es áspero, dominante, casi narrativo en su violencia.
El bajo de Carnage aporta una profundidad sombría que ensancha el paisaje sonoro y refuerza esa sensación de amenaza constante. Pero es en el juego vocal donde el álbum adquiere una dimensión más perturbadora: la segunda voz de Akéfalos no actúa como simple refuerzo, sino como una presencia espectral que irrumpe, responde y confronta. Su interpretación añade dramatismo y textura, creando un contraste que intensifica la sensación de conflicto interno, como si el disco estuviera habitado por más de una conciencia.
Nex no busca redención ni trascendencia espiritual. Es un descenso deliberado a la violencia y la decadencia, donde las secciones sombrías funcionan como respiraciones envenenadas antes de la siguiente descarga. Dentro del aparente caos hay estructura; dentro de la brutalidad, intención.
Sicarius no suena descontrolado. Suena peligrosamente lúcido, como una banda que entiende perfectamente el territorio que pisa… y decide incendiarlo de todos modos.