Tras la demo Sob o Manto da Noite (2025), Pacto Negro, desde Brasil, vuelve a abrir la herida con Ventre das Cinzas, un EP de cinco temas que no deja espacio para la luz.
Aquí no hay adornos ni concesiones. Solo riffs fríos, baterías que golpean como martillos y una voz que parece surgir desde lo más hondo de la tierra. Los cinco cortes se suceden como invocaciones ásperas, cargadas de rabia contenida y una oscuridad densa, casi asfixiante. La producción mantiene ese filo crudo y directo que remite a las raíces más hostiles del black metal, sin pulir aristas ni suavizar la intención.
Ventre das Cinzas no pretende modernizar nada ni agradar a nadie. Es una obra seca, severa y sombría, que reafirma el camino iniciado con Sob o Manto da Noite y consolida a Pacto Negro como una presencia firme dentro del black metal más duro y esencial.
Desde su formación en 2008, los canadienses MISERERE LUMINIS han transitado los territorios más lóbregos del Black Metal, dando forma a una propuesta marcada por la angustia existencial, una emotividad abrasiva y una profundidad expresiva poco común.
Su nuevo álbum, Sidera, se presenta como la culminación natural del sendero abierto por Ordalie (2023), llevando su visión artística a un plano más vasto y definitivo. A través de un tejido sonoro denso y ceremonial, la banda entrelaza un Black Metal ardiente con paisajes de resonancias cinematográficas y pasajes contemplativos de carácter casi litúrgico, construyendo composiciones que respiran desolación, trascendencia y una obstinada pulsión vital frente al vacío.
La producción, implacable y meticulosamente esculpida, potencia una interpretación tan feroz como precisa. Solos de guitarra de aliento épico y arpegios hipnóticos —situados entre la amplitud emocional del post-rock y la crudeza nihilista del DSBM— se apoyan en una base rítmica cambiante y expresiva, mientras pianos espectrales y cuerdas envolventes expanden la sensación de abismo. Sobre este entramado se alza una voz desgarrada y penetrante, vehículo de una catarsis marcada por la tragedia, la ira y la lucidez dolorosa.
Sidera se erige, sin concesiones, como la obra más lograda de MISERERE LUMINIS hasta la fecha. Oscilando entre una furia oscura y momentos de belleza extática y devastadora, la banda entrega una epopeya melancólica de gran hondura espiritual: una obra que confronta la nada y, desde ella, afirma la persistencia de la vida.
Este trabajo verá la luz a principios de marzo de 2026, consolidando una etapa crucial en la evolución de una banda que continúa profundizando en los límites emocionales y expresivos del Black Metal contemporáneo.
Desde las ruinas de Estambul, Ölü erige The Cries Of The Damned como un testimonio crudo del colapso. Es un ejercicio de black metal despojado de artificios, sostenido por el peso de la repetición, la abrasión y una asfixia sonora constante. Las guitarras se consumen en llagas armónicas de una decadencia prolongada, mientras la batería avanza con una determinación mecánica, arrastrando cada pulso hacia la extinción definitiva.
La pieza homónima actúa como el epicentro de la obra: cinco minutos de desintegración lenta donde la desesperación no se sugiere, se impone. Las voces emergen como invocaciones remotas, sepultadas bajo estratos de estática y ceniza; más una presencia espectral que un lamento humano. Aquí no hay catarsis ni ascenso, solo una erosión implacable.
En cortes como "No Salvation" y "Skulls In The Ashes", Ölü mantiene una disciplina férrea anclada en la negación absoluta. Sin excesos. Sin concesiones. Cada composición se repliega sobre sí misma como un ritual tallado en piedra. Este disco no solo representa el sufrimiento: lo encarna. The Cries Of The Damned no busca reformular el género, sino preservar la herida abierta; entender el black metal como resistencia, como ruina y como el último aliento que se resiste a abandonar el cuerpo.
Nox Doloris emergen como un manifiesto de oscuridad absoluta, una obra conceptual con nueve temas que transforma la historia en condena y el mito en arma. Khemet inaugura el descenso invocando un imperio ancestral, erigido sobre el conocimiento y destruido por su propia soberbia. La narrativa se quiebra en Set Maat, donde el equilibrio sagrado se corrompe y el orden divino se desintegra sin retorno.
En Anthem to Resurrected God, la música adopta la forma de una liturgia blasfema que anuncia el regreso de deidades prohibidas. Esa ruptura se convierte en sentencia en No God in Priest, una acusación frontal contra la fe institucionalizada y el poder ejercido desde la impostura. La devastación avanza en Rising Ashes, mientras Way of Deceased conduce a las almas por un tránsito oscuro, sin promesa de salvación.
El peso del pasado se manifiesta como castigo perpetuo en Ancient Legacy Burns, donde la herencia del imperio arde sin posibilidad de extinción. El núcleo ritual de la obra se alcanza en The Cult of Osiris, una ceremonia sonora de muerte, fragmentación y falsa resurrección. El cierre, Plagues and Betrayers, sella el destino final del reino entre traición, pestilencia y colapso absoluto.
Lejos de cualquier épica idealizada, estos nueve cortes consolidan a Nox Doloris como una entidad sonora que disecciona el poder, la religión y la decadencia con precisión implacable. Khemet no mira al pasado con reverencia: lo desentierra, lo profana y lo convierte en una sentencia definitiva tallada en fuego y sombra.
“Decade” marca el hito inquebrantable de los diez años desde el nacimiento de Ergot, formación italiana de Atmospheric and Melancholic Black Metal cuya trayectoria se ha ido endureciendo y depurando con el tiempo. Difícilmente podría existir un título más preciso para encapsular su significado.
Si el primer álbum se alimentó de la espontaneidad cruda, del impulso visceral y de destellos fugaces de inspiración, esta nueva obra revela una entidad transformada: un Ergot templado por una década de evolución silenciosa, de sensibilidad melódica profundizada, de una composición cada vez más matizada y deliberada. Aquí, la intuición aún respira, pero lo hace bajo la vigilancia de una madurez implacable.
Las piezas que conforman “Decade”, siete composiciones que funcionan como capítulos de un único descenso introspectivo, construyen un relato oscuro y cohesionado. El viaje se abre con “Notte senza fine”, un umbral sumido en penumbra que establece el tono del álbum; continúa con “Quel sogno che incombe”, donde la tensión onírica se expande como una amenaza latente. El trayecto avanza hacia la desintegración identitaria en “Tutto niente e nessuno”, y se condensa en la enigmática y simbólica “11:11”, punto de alineación entre lo tangible y lo oculto.
En su ecuador, la obra se adentra en zonas más corrosivas y alteradas mediante “AlterEgo666”, una confrontación directa con las máscaras internas; prosigue con la atmósfera hermética de “O.M.N.I.”, donde la introspección alcanza un carácter casi ritual. Finalmente, el álbum culmina con “Riflesso di mille realtà”, cierre que multiplica y fragmenta la percepción del yo, resonando como un espejo interminable.
Estas siete piezas son intrincadas, absorbentes y deliberadamente ajenas a las corrientes predominantes. Frente a un panorama saturado de fórmulas y etiquetas fáciles, Ergot forja una identidad propia que rehúye la repetición y desafía la complacencia. Su sonido —enraizado en un Black Metal atmosférico, melancólico y profundamente emocional— se erige como un gesto de individualidad férrea, alejado del molde contemporáneo más inmediato.
La portada —concebida por Vhan Artwork & Printing en estrecha colaboración con la banda— captura con exactitud el espíritu que impregna todo el álbum: un viaje hacia los abismos interiores, una exploración solitaria donde la oscuridad no es un obstáculo, sino un refugio en el que el yo se desnuda y se revela en su forma más austera y definitiva.
Cada composición despliega una variedad impredecible, tejida en un equilibrio constante entre lo épico y lo introspectivo. Ecos de un Black Metal expansivo y atmosférico emergen junto a pasajes de melodía melancólica y dramatismo íntimo, mientras que irrupciones de furia visceral recuerdan las raíces más crudas del género. Nada aquí es rutinario; cada escucha abre un umbral distinto, siempre inmersivo y siempre inquietante.
“Decade” es Black Metal en su expresión más plural, rigurosa e intransigente.
Un monumento sonoro que no se explica: se enfrenta, se habita, se descubre.
Infyrna – Weltschmerz: Anatomía de la Desintegración y la Trascendencia
Desde las profundidades del panorama extremo alemán surge Infyrna con Weltschmerz, una obra que trasciende lo meramente musical para convertirse en un tratado sonoro sobre la angustia existencial. El álbum adopta el concepto de “dolor universal” y lo somete a una disección minuciosa, revelando cada nervio expuesto con una precisión casi ritual.
Lo que aquí se despliega es un descenso deliberado hacia el derrumbe interior: una travesía donde Serpent Choir abre la herida, Misanthrope or Filled With Darkness la profundiza y Purifying Fire la cauteriza solo para reabrirla más adelante. Era in Chains y The Passion of Cruel Knowledge conforman el núcleo más denso del álbum, un doble latido en el que la conciencia se asfixia entre cadenas. La repetición purificadora —y condenatoria— regresa en Purifying Fire II, antes de que Contempt y Echoes of a Fallen Pantheon desplieguen un paisaje final de ruinas sobre las que solo queda el eco del desamparo. La clausura llega con Heimkehr, un retorno no a la luz, sino a un hogar quebrado por la revelación del vacío.
Musicalmente, cada composición se alza como un bloque inamovible de Atmospheric Black Metal, construido con riffs que cortan como aire helado, percusiones que laten como un corazón agotado y atmósferas que envuelven todo en un manto de desolación persistente. Infyrna trabaja aquí con una frialdad estética que no busca conmover, sino exponer: revelar aquello que permanece oculto bajo las capas de conciencia.
Weltschmerz se presenta así como una obra de oscuridad meticulosa, rigurosa en su visión y firme en su propósito. Es una experiencia intensa y profundamente introspectiva, destinada a quienes reconocen que la belleza puede surgir —sin concesiones— del enfrentamiento directo con las sombras más hondas del espíritu.
Desde las neblinas funerarias que envuelven perpetuamente a Valdivia, Chile —donde la humedad se confunde con el aliento de la muerte— UMBRÍO emerge nuevamente desde la penumbra con su segundo conjuro: “Quintaesencia Nocturna”. Este opus no es un simple álbum, sino una emanación maldita, una llama negra que se alimenta de la putrefacción del tiempo y de la insondable inmensidad del vacío primordial. Una llamada a la disolución del espíritu en la noche eterna.
Forjado en una introspección severa y hermética, ocho himnos componen esta obra, cada uno como un sello arcano tallado en piedra húmeda y fría. Estas entidades sonoras funcionan como puertas hacia reinos donde la luz jamás ha existido. Todo rastro de humanidad es arrancado para dejar expuesta la esencia mineral, abismal y eterna de la oscuridad. Los pasajes del álbum destilan una majestuosidad sepulcral, reafirmando la devoción absoluta de UMBRÍO hacia los cimientos más inmisericordes y primigenios del Black Metal.
En hermandad con Vampiric Militant Legions, surgida desde las tierras ensangrentadas, brumosas y embrujadas de Transilvania, esta alianza levanta un estandarte de sombras que no pertenece a este mundo. La impronta vampírica, oculta y ritualista, potencia la naturaleza insurgente y corrosiva de “Quintaesencia Nocturna”, convirtiéndolo en un decreto espiritual que trasciende geografías, épocas y cadáveres de civilizaciones gastadas.
Con estos ocho cánticos de absoluta negación, UMBRÍO no solo reafirma su sitial dentro del culto impenetrable del Black Metal sudamericano: eleva su visión hacia un plano donde la conciencia es devorada por la vastedad de un firmamento sin estrellas. “Quintaesencia Nocturna” se erige, así, como un monumento de oscuridad inexorable, un testimonio de decadencia espiritual, disolución existencial y fidelidad eterna a la noche que devora toda forma y todo nombre.
«Tempelschlaf» desciende como un rito de extinción, el séptimo grimorio sonoro de The Ruins of Beverast, en el que la banda se sumerge aún más en su mórbido universo de disonancia, ruina y carne espiritual en descomposición. Aquí, la música respira un aire envenenado, saturado de ecos humanos que agonizan entre los muros derruidos de su propio templo interior. Los graves —abismales y palpitantes como el retumbar de una tierra enferma— continúan siendo la columna vertebral de este descenso, sosteniendo el peso de una visión que se marchita entre la fe y la podredumbre.
En su plano instrumental, «Tempelschlaf» se despoja de todo ornamento, como un cadáver preparado para su último rito. Las canciones se condensan, reducidas a su esencia más ritual y doliente, invocando un pulso litúrgico que avanza con la solemnidad de una procesión fúnebre. Sin embargo, la firma inconfundible de TROB —esa capacidad de traducir la pesadilla a sonido, de hacer audible el delirio— persiste con una claridad inquietante.
Los sintetizadores y samples, antaño sombras latentes en su sonido, se transforman ahora en portales de locura y alucinación, arrastrando al oyente hacia una psicosis lumínica donde lo místico y lo enfermizo convergen. «Tempelschlaf» no se escucha: se padece, se contempla como un sueño febril que, al desvanecerse, deja tras de sí la certidumbre de haber mirado dentro del abismo.