Nox Doloris emergen como un manifiesto de oscuridad absoluta, una obra conceptual con nueve temas que transforma la historia en condena y el mito en arma. Khemet inaugura el descenso invocando un imperio ancestral, erigido sobre el conocimiento y destruido por su propia soberbia. La narrativa se quiebra en Set Maat, donde el equilibrio sagrado se corrompe y el orden divino se desintegra sin retorno.
En Anthem to Resurrected God, la música adopta la forma de una liturgia blasfema que anuncia el regreso de deidades prohibidas. Esa ruptura se convierte en sentencia en No God in Priest, una acusación frontal contra la fe institucionalizada y el poder ejercido desde la impostura. La devastación avanza en Rising Ashes, mientras Way of Deceased conduce a las almas por un tránsito oscuro, sin promesa de salvación.
El peso del pasado se manifiesta como castigo perpetuo en Ancient Legacy Burns, donde la herencia del imperio arde sin posibilidad de extinción. El núcleo ritual de la obra se alcanza en The Cult of Osiris, una ceremonia sonora de muerte, fragmentación y falsa resurrección. El cierre, Plagues and Betrayers, sella el destino final del reino entre traición, pestilencia y colapso absoluto.
Lejos de cualquier épica idealizada, estos nueve cortes consolidan a Nox Doloris como una entidad sonora que disecciona el poder, la religión y la decadencia con precisión implacable. Khemet no mira al pasado con reverencia: lo desentierra, lo profana y lo convierte en una sentencia definitiva tallada en fuego y sombra.
“Decade” marca el hito inquebrantable de los diez años desde el nacimiento de Ergot, formación italiana de Atmospheric and Melancholic Black Metal cuya trayectoria se ha ido endureciendo y depurando con el tiempo. Difícilmente podría existir un título más preciso para encapsular su significado.
Si el primer álbum se alimentó de la espontaneidad cruda, del impulso visceral y de destellos fugaces de inspiración, esta nueva obra revela una entidad transformada: un Ergot templado por una década de evolución silenciosa, de sensibilidad melódica profundizada, de una composición cada vez más matizada y deliberada. Aquí, la intuición aún respira, pero lo hace bajo la vigilancia de una madurez implacable.
Las piezas que conforman “Decade”, siete composiciones que funcionan como capítulos de un único descenso introspectivo, construyen un relato oscuro y cohesionado. El viaje se abre con “Notte senza fine”, un umbral sumido en penumbra que establece el tono del álbum; continúa con “Quel sogno che incombe”, donde la tensión onírica se expande como una amenaza latente. El trayecto avanza hacia la desintegración identitaria en “Tutto niente e nessuno”, y se condensa en la enigmática y simbólica “11:11”, punto de alineación entre lo tangible y lo oculto.
En su ecuador, la obra se adentra en zonas más corrosivas y alteradas mediante “AlterEgo666”, una confrontación directa con las máscaras internas; prosigue con la atmósfera hermética de “O.M.N.I.”, donde la introspección alcanza un carácter casi ritual. Finalmente, el álbum culmina con “Riflesso di mille realtà”, cierre que multiplica y fragmenta la percepción del yo, resonando como un espejo interminable.
Estas siete piezas son intrincadas, absorbentes y deliberadamente ajenas a las corrientes predominantes. Frente a un panorama saturado de fórmulas y etiquetas fáciles, Ergot forja una identidad propia que rehúye la repetición y desafía la complacencia. Su sonido —enraizado en un Black Metal atmosférico, melancólico y profundamente emocional— se erige como un gesto de individualidad férrea, alejado del molde contemporáneo más inmediato.
La portada —concebida por Vhan Artwork & Printing en estrecha colaboración con la banda— captura con exactitud el espíritu que impregna todo el álbum: un viaje hacia los abismos interiores, una exploración solitaria donde la oscuridad no es un obstáculo, sino un refugio en el que el yo se desnuda y se revela en su forma más austera y definitiva.
Cada composición despliega una variedad impredecible, tejida en un equilibrio constante entre lo épico y lo introspectivo. Ecos de un Black Metal expansivo y atmosférico emergen junto a pasajes de melodía melancólica y dramatismo íntimo, mientras que irrupciones de furia visceral recuerdan las raíces más crudas del género. Nada aquí es rutinario; cada escucha abre un umbral distinto, siempre inmersivo y siempre inquietante.
“Decade” es Black Metal en su expresión más plural, rigurosa e intransigente.
Un monumento sonoro que no se explica: se enfrenta, se habita, se descubre.
Infyrna – Weltschmerz: Anatomía de la Desintegración y la Trascendencia
Desde las profundidades del panorama extremo alemán surge Infyrna con Weltschmerz, una obra que trasciende lo meramente musical para convertirse en un tratado sonoro sobre la angustia existencial. El álbum adopta el concepto de “dolor universal” y lo somete a una disección minuciosa, revelando cada nervio expuesto con una precisión casi ritual.
Lo que aquí se despliega es un descenso deliberado hacia el derrumbe interior: una travesía donde Serpent Choir abre la herida, Misanthrope or Filled With Darkness la profundiza y Purifying Fire la cauteriza solo para reabrirla más adelante. Era in Chains y The Passion of Cruel Knowledge conforman el núcleo más denso del álbum, un doble latido en el que la conciencia se asfixia entre cadenas. La repetición purificadora —y condenatoria— regresa en Purifying Fire II, antes de que Contempt y Echoes of a Fallen Pantheon desplieguen un paisaje final de ruinas sobre las que solo queda el eco del desamparo. La clausura llega con Heimkehr, un retorno no a la luz, sino a un hogar quebrado por la revelación del vacío.
Musicalmente, cada composición se alza como un bloque inamovible de Atmospheric Black Metal, construido con riffs que cortan como aire helado, percusiones que laten como un corazón agotado y atmósferas que envuelven todo en un manto de desolación persistente. Infyrna trabaja aquí con una frialdad estética que no busca conmover, sino exponer: revelar aquello que permanece oculto bajo las capas de conciencia.
Weltschmerz se presenta así como una obra de oscuridad meticulosa, rigurosa en su visión y firme en su propósito. Es una experiencia intensa y profundamente introspectiva, destinada a quienes reconocen que la belleza puede surgir —sin concesiones— del enfrentamiento directo con las sombras más hondas del espíritu.
Desde las neblinas funerarias que envuelven perpetuamente a Valdivia, Chile —donde la humedad se confunde con el aliento de la muerte— UMBRÍO emerge nuevamente desde la penumbra con su segundo conjuro: “Quintaesencia Nocturna”. Este opus no es un simple álbum, sino una emanación maldita, una llama negra que se alimenta de la putrefacción del tiempo y de la insondable inmensidad del vacío primordial. Una llamada a la disolución del espíritu en la noche eterna.
Forjado en una introspección severa y hermética, ocho himnos componen esta obra, cada uno como un sello arcano tallado en piedra húmeda y fría. Estas entidades sonoras funcionan como puertas hacia reinos donde la luz jamás ha existido. Todo rastro de humanidad es arrancado para dejar expuesta la esencia mineral, abismal y eterna de la oscuridad. Los pasajes del álbum destilan una majestuosidad sepulcral, reafirmando la devoción absoluta de UMBRÍO hacia los cimientos más inmisericordes y primigenios del Black Metal.
En hermandad con Vampiric Militant Legions, surgida desde las tierras ensangrentadas, brumosas y embrujadas de Transilvania, esta alianza levanta un estandarte de sombras que no pertenece a este mundo. La impronta vampírica, oculta y ritualista, potencia la naturaleza insurgente y corrosiva de “Quintaesencia Nocturna”, convirtiéndolo en un decreto espiritual que trasciende geografías, épocas y cadáveres de civilizaciones gastadas.
Con estos ocho cánticos de absoluta negación, UMBRÍO no solo reafirma su sitial dentro del culto impenetrable del Black Metal sudamericano: eleva su visión hacia un plano donde la conciencia es devorada por la vastedad de un firmamento sin estrellas. “Quintaesencia Nocturna” se erige, así, como un monumento de oscuridad inexorable, un testimonio de decadencia espiritual, disolución existencial y fidelidad eterna a la noche que devora toda forma y todo nombre.
«Tempelschlaf» desciende como un rito de extinción, el séptimo grimorio sonoro de The Ruins of Beverast, en el que la banda se sumerge aún más en su mórbido universo de disonancia, ruina y carne espiritual en descomposición. Aquí, la música respira un aire envenenado, saturado de ecos humanos que agonizan entre los muros derruidos de su propio templo interior. Los graves —abismales y palpitantes como el retumbar de una tierra enferma— continúan siendo la columna vertebral de este descenso, sosteniendo el peso de una visión que se marchita entre la fe y la podredumbre.
En su plano instrumental, «Tempelschlaf» se despoja de todo ornamento, como un cadáver preparado para su último rito. Las canciones se condensan, reducidas a su esencia más ritual y doliente, invocando un pulso litúrgico que avanza con la solemnidad de una procesión fúnebre. Sin embargo, la firma inconfundible de TROB —esa capacidad de traducir la pesadilla a sonido, de hacer audible el delirio— persiste con una claridad inquietante.
Los sintetizadores y samples, antaño sombras latentes en su sonido, se transforman ahora en portales de locura y alucinación, arrastrando al oyente hacia una psicosis lumínica donde lo místico y lo enfermizo convergen. «Tempelschlaf» no se escucha: se padece, se contempla como un sueño febril que, al desvanecerse, deja tras de sí la certidumbre de haber mirado dentro del abismo.
Холодне Мовчання Зірок / The cold silence of the stars
Este lanzamiento es una crónica de dolor, el gélido susurro de la historia y la agonía de un pueblo que ha visto la muerte y la tiranía cara a cara. Cada canción contiene un fragmento de un mundo destrozado: el gélido páramo sobre el que se precipitan los jinetes muertos; el agujero negro de Chernóbil; el silencio sofocante del Holodomor y el terror soviético.
01. Red Plague
"Red Plague" es un odio concentrado al sistema totalitario, encarnado en versos extremadamente directos y dolorosamente veraces. El texto no embellece ni suaviza, sino que desgarra. Desde la primera estrofa, queda claro que no se trata solo de un manifiesto antisistema, sino de un sermón ardiente contra la injusticia histórica: "genocidio bajo el disfraz de la igualdad", "la propaganda es un medio de lavado de mentes": estos son golpes precisos a la esencia del terror soviético.
Laconismo, rima áspera: todo contribuye a crear una atmósfera de miedo e ira. El texto encaja a la perfección con la música, con riffs agresivos y voces furiosas y estridentes.
02. Half-Life
Esta canción es rabia y memoria, grabadas en verso. El autor describe con rotundidad el desastre de Chernóbil como un fenómeno apocalíptico que no solo destruye lo físico, sino que también distorsiona lo mental, lo ético y lo moral. El primer verso se adentra en la noche, donde el "segundo sol", símbolo de una explosión nuclear, quema todo ser vivo y solo deja dolor, desorientación y miedo. Todo esto se complementa con riffs de guitarra agresivos, una batería intensa y una voz penetrante con un estilo de gritos y gruñidos.
Esta canción es una protesta, una confesión, un veredicto. Es un monumento a la tragedia que se llevó la vida de miles y la salud de cientos de miles de personas.
03. In the Land of Grave Sleep
Texto: poema de Yakov Savchenko "Balada"
La canción sumerge al oyente en una atmósfera fría y muerta. Imágenes visuales magistralmente creadas de una desolación gélida, donde dos jinetes fantasmales —símbolos de la muerte, el movimiento eterno y la desesperanza— se precipitan por el silencioso páramo. Las imágenes verbales asombran con la profundidad de la imagen de un mundo helado en el que ya no hay vida, sonido ni esperanza.
La estructura rítmica transmite acertadamente el movimiento monótono pero inevitable, como los cascos de los jinetes en silencio. La repetición de motivos de muerte, silencio, hielo y frío eterno crea un efecto hipnótico, característico de los mejores representantes del black metal atmosférico.
En general, la canción y el texto se distinguen por fuertes metáforas, una estética sombría y una acertada combinación de épica y vacío interior.
04. Hunger
Texto – poema de Mykola Khvylovy “Hambre”
Esta canción es un paisaje espeluznante y siniestro de una estepa apocalíptica, donde la naturaleza ya no da vida, sino que solo atestigua su degeneración. La atmósfera es opresiva y agotadora: el paisaje es seco, quemado, enloquecido. El lenguaje del texto es áspero, casi corporal: «Los árboles han sido roídos», «El sol es como cuchillos», «La desesperación corre»; todo lo que vive aquí sufre o ya se ha convertido en fragmentos. Este mundo no solo muere, sino que se pudre por dentro.
Las voces no pronuncian palabras, sino que las roen desde dentro. El texto no se limita a representar el miedo; es en sí mismo una manifestación de una realidad dolorosa, donde la esperanza se extinguió ayer.