Desde Alemania, Verhinderer firma en Primitiv un disco directo a la mandíbula: nueve cortes de black metal crudo, repetitivo y sin adornos. Riffs insistentes, voz enterrada en reverb y una producción lo-fi que suma suciedad y carácter.
Hay base de crust ennegrecido y pasajes más densos que refuerzan esa sensación de cueva, de sonido primario y opresivo. Todo fluye sin rodeos, con una energía constante y un pulso firme que lo mantiene incómodo y tenso de principio a fin.
Un trabajo áspero, honesto y muy pegado al underground.
Tras su último EP Where Everything Ends, Völlmöndblüt regresa con Immerwährend Verachtung, una obra de ocho temas concebida íntegramente por su único miembro, Kaioh Barone. Este nuevo trabajo afianza la identidad del proyecto italiano, profundizando en una propuesta donde el black metal se convierte en vehículo para explorar lo insondable.
A nivel conceptual, el álbum gira en torno al esoterismo astral y los horrores universales: vacíos cósmicos, entidades que habitan en la oscuridad y una sensación constante de insignificancia frente a lo desconocido. No hay aquí espacio para la épica, sino una visión fría y deshumanizada del universo, tratada desde una perspectiva casi nihilista.
Musicalmente, la obra se construye sobre una base densa y envolvente. Las guitarras despliegan capas heladas que transmiten esa inmensidad abismal, mientras los riffs, más hipnóticos que inmediatos, se desarrollan con un claro enfoque atmosférico. La batería alterna entre ráfagas de intensidad y secciones más contenidas, aportando dinamismo sin romper la cohesión general.
La voz, áspera y distante, se diluye en la mezcla como un eco proveniente de algún punto indeterminado del cosmos, reforzando la sensación de aislamiento. Cada uno de los ocho cortes funciona como parte de un mismo flujo, casi ritualístico, donde la repetición y la densidad juegan un papel esencial.
Como punto destacable, el cuarto tema incluye una reinterpretación de “Ein Hügel im tiefen Wald”, original de Darkthrone. Lejos de limitarse a un homenaje, la versión se integra de forma orgánica en el conjunto, respetando la esencia primitiva del tema mientras se adapta al enfoque más atmosférico y cósmico del álbum.
En conjunto, Immerwährend Verachtung se presenta como un trabajo sólido y coherente, donde la visión unipersonal de Kaioh Barone se traduce en una experiencia inmersiva y sin concesiones.
Lanzado en marzo de 2026 el álbum debut "Litvrgies ov Æntigods" posiciona a VVormking como una de las entidades más asfixiantes y prometedoras del Black Metal contemporáneo. Originario de San Antonio, Texas, este proyecto irrumpe en la escena con una propuesta que destila horror psicológico y una devoción herética, logrando un equilibrio quirúrgico entre la agresividad primitiva del género y una densidad atmosférica que bordea lo claustrofóbico.
A lo largo de sus seis cortes y poco más de 34 minutos de duración, la obra se despliega como una serie de rituales sonoros dedicados a deidades del abismo. El uso de una ortografía arcaica en títulos como "Cvlt Ov Tartarvs" o "Novvhere Bvt Onvvards" no es un mero recurso estético, sino un reflejo del concepto teológico inverso que atraviesa todo el disco: una liturgia dedicada a los "Æntigods" (antidioses). Musicalmente, el álbum destaca por sus riffs gélidos y cortantes que se entrelazan con una percusión implacable, todo coronado por una interpretación vocal visceral que evoca un estado de desesperación absoluta.
La producción de "Litvrgies ov Æntigods" huye de la pulcritud digital para abrazar una sonoridad orgánica y cortante, permitiendo que la disonancia y la melodía fúnebre coexistan en piezas de gran envergadura como la extensa "Lamentations Ov The VVicked". Este trabajo no solo bebe de la tradición del Black Metal de la vieja escuela, sino que incorpora matices de introspección y misantropía que lo acercan a las corrientes más oscuras del metal extremo actual, transformando el dolor y el vacío en himnos de ruina triunfante.
En definitiva, este debut de VVormking es una declaración de principios innegociable: una obra técnica, conceptualmente densa y emocionalmente devastadora. Con este lanzamiento, el proyecto logra materializar una liturgia de sombras que exige una escucha inmersiva, consolidándose como una fuerza esencial para quienes buscan en el metal extremo un vehículo de transgresión espiritual y sonora.
Después de siete años Venom vuelve con Into Oblivion, un disco que suena exactamente como debe sonar un álbum de la banda: sucio, pesado y con ese filo de caos que siempre ha marcado su identidad. Tras Storm The Gates (2018), el trío liderado por Conrad 'Cronos' Lant regresa con un trabajo más compacto y con riffs más afilados, demostrando que aún tienen combustible de sobra para seguir escupiendo metal sin demasiadas concesiones.
El álbum reúne 13 temas que combinan el espíritu que la banda desarrolló en los años 80 con un enfoque ligeramente más actual en la composición. Sin abandonar su carácter crudo y directo, el disco introduce algunos matices más elaborados que aportan dinamismo sin diluir la esencia del grupo.
Desde el primer momento queda claro que aquí no hay lugar para experimentos innecesarios. Into Oblivion se mueve entre el speed metal más primitivo, la agresividad más macarra y ese halo oscuro que siempre ha acompañado al sonido de Venom. Como carta de presentación del trabajo, la banda lanzó el primer sencillo “Lay Down Your Soul”, un tema directo y contundente que resume bien el espíritu del disco, con riffs potentes y un estribillo diseñado para prender cualquier escenario.
La guitarra de Stuart 'Rage' Dixon sostiene buena parte del peso del álbum con riffs cortantes y solos que beben del metal clásico, siempre con ese toque salvaje que caracteriza al grupo. No hay virtuosismo gratuito: aquí lo que manda es el riff, la actitud y esa sensación constante de ataque frontal.
Otro de los aspectos más destacables es la producción. Sigue siendo cruda, pero más equilibrada que en algunos trabajos recientes, permitiendo que cada instrumento respire dentro de la mezcla. El bajo de Cronos, en particular, tiene una presencia muy marcada y añade un peso extra a muchas de las canciones.
Into Oblivion no intenta competir con los clásicos ni reinventar el sonido de Venom. Lo que ofrece es algo mucho más directo y honesto: un disco sólido, cargado de riffs y actitud, que demuestra que la banda sigue siendo capaz de entregar metal crudo y contundente después de más de cuatro décadas.
Bajo el manto de Litany of Imperial Devotion, los neoyorquinos Vampiric Crypt regresan para reafirmar su lugar en los rincones más recónditos del underground. Su segundo álbum de larga duración, Letany of Imperial Devotion, conforma una obra de ocho composiciones concebidas como un auténtico ritual sonoro de devoción oscura y solemnidad profana. Desde los primeros compases, el disco se establece como una liturgia nocturna, en la que la opresión atmosférica y la agresión ceremonial se fusionan, construyendo un discurso musical coherente, frío y profundamente vampírico.
La apertura con “Count Orlok” sumerge al oyente en un aura nocturna que se intensifica en temas como “Bleed the Prophecy” y “My Soul for Yours”, donde la violencia sonora y el misticismo se entrelazan de manera visceral. El álbum transita luego por pasajes de marcado carácter ritual en “Ancient Pagan Rites” y “A Winter Breeze”, piezas que expanden la dimensión atmosférica sin sacrificar la aspereza y el filo sombrío que definen al grupo.
El núcleo conceptual se alcanza con la pieza homónima, Litany of Imperial Devotion, que da paso a territorios de resonancia histórica y sangrienta en “Blood of Maldon”, para culminar en “Sacrificial Ritual”, un cierre ceremonial que sella con maestría el carácter vampírico y extremo de la obra.
A lo largo de todas sus composiciones, Letany of Imperial Devotion despliega una narrativa sonora absorbente y meticulosamente elaborada, desatando la oscuridad inherente a cada instrumento y evidenciando un avance notable en la composición y en la construcción de atmósferas. Este segundo trabajo consolida a Vampiric Crypt como una fuerza sólida dentro del underground del black metal, reafirmando su compromiso con una visión artística extrema, nocturna y profundamente ritualista.
Los ríos se tiñen de rojo con la sangre de la tierra, y el cielo se ennegrece bajo la destrucción de un sol que ya no ofrece salvación. Los muertos se levantan de sus tumbas y los sabuesos de la noche persiguen sin piedad a los débiles. La Gehena ha llegado, y con ella despierta Sanguinoctum, un estallido de caos y horror que golpea con fuerza implacable.
Desde Estados Unidos, Vaulderie nos presenta esta sangrienta obra, formada por once cortes que son verdaderos rituales de devastación: The Invocation abre la puerta al terror, seguida por la carnicería de Calling the Blood y la implacable caza de Nocturnal Hound. La pieza homónima, Sanguinoctum, se alza como corazón palpitante de la destrucción, mientras Befouled yFlight of the Gargoyles desatan sombras y calamidades.BloodHammer y From the Crypt martillan con brutalidad sonora, Mortcage aplasta con su opresión, Voivodes of Vengeance ejecuta venganza sin compasión, y Among the Aeries cierra el ciclo con un aire de desolación majestuosa.
Este álbum no solo se escucha: se siente como una invasión de Gehena, un descenso a la sangre, la muerte y la oscuridad absoluta.
Lanzado a comienzos de 2025 a través de Godz ov War Productions, Void es el tercer álbum de Varnheim, formación procedente de Polonia, y una obra concebida desde la negación, el peso y la asfixia emocional. El disco se articula en torno a cuatro composiciones extensas —“Vengeance”, “Onwards”, “Inwards” y “Downwards”— que no buscan estructura convencional alguna, sino la construcción de un estado mental sostenido, denso y corrosivo.
Con duraciones que oscilan entre los nueve y los doce minutos, cada pieza se desarrolla de manera lenta y deliberada, acumulando capas de sonido compactas y abrasivas que generan una atmósfera claustrofóbica, introspectiva y profundamente nihilista. Void avanza sin urgencia, pero con una presión constante, apoyándose en la repetición obsesiva y en la progresión mínima como herramientas para erosionar al oyente. Aunque los cuatro temas comparten un núcleo estético común, cada uno traza su propio descenso, introduciendo variaciones sutiles de textura y dinámica que refuerzan su individualidad sin romper la coherencia global del álbum.
El uso del lenguaje vocal intensifica aún más el carácter inhóspito del disco. “Vengeance” y “Onwards” están interpretadas en inglés, mientras que “Inwards” y “Downwards” recurren al polaco, la lengua natal de Varnheim. Es en estos últimos cortes donde la música alcanza un tono casi ritualista y visceral: el polaco actúa como un elemento críptico y primitivo, desprovisto de ornamento, que acentúa la sensación de extrañeza y refuerza la crudeza emocional del conjunto.
En Void, la música es el único discurso válido. Las composiciones nacen desde los riffs y las estructuras, relegando las letras a un plano funcional, integradas como una textura más dentro del muro sonoro. La producción, espesa y compacta, elimina cualquier resquicio de aire, amplificando la sensación de encierro y transformando cada canción en un bloque monolítico de opresión continua.
Void no es un álbum diseñado para el consumo pasivo ni para la gratificación inmediata. Es una obra exigente, hostil y absorbente, que demanda atención y resistencia por parte del oyente. Un descenso lento y consciente hacia el vacío, donde Varnheim consolida una identidad sólida y despiadada dentro de la escena extrema polaca, reafirmando su compromiso con una visión artística oscura, intransigente y sin concesiones.
En Doctrines of Withering Nature, Vampiric Oath, proyecto de raw black metal procedente de Rumanía, erige un manifiesto sonoro de decadencia y hostilidad absoluta hacia la condición humana. El álbum concibe el odio no como una emoción circunstancial, sino como un instinto primigenio, una fuerza inherente que impulsa a la humanidad hacia su propia aniquilación. Esta obra se presenta como una doctrina de descomposición espiritual, donde la voluntad humana aparece irremediablemente orientada a la autodestrucción, despojada de toda noción de redención o trascendencia.
A lo largo de ocho composiciones, Despoil of the Abyss, A Doctrine Carved in Decay, Vampiric Oath, Beneath Ash, Beneath Bone, When Shadows Lengthen, the Forest No Longer Sleeps, Void’s Embrace, Of the Firmament and the Failing of Man y Night Assault, el álbum se desarrolla como una sucesión de rituales de desgaste y confrontación. Cada tema funciona como un capítulo dentro de una narrativa coherente y opresiva, donde la crudeza del sonido, la producción áspera y la ejecución deliberadamente hostil refuerzan el carácter primitivo y violento de la propuesta.
La obra transita paisajes sonoros dominados por la putrefacción, la ruina moral y el colapso del espíritu, evocando una visión del mundo donde la naturaleza se marchita al mismo ritmo que el hombre que la habita. En este contexto, Doctrines of Withering Nature no busca ofrecer catarsis ni consuelo, sino imponer una experiencia abrasiva, fiel a los principios más intransigentes del raw black metal: negación, confrontación y desprecio por la fragilidad humana.
Con este trabajo, Vampiric Oath no solo reafirma su identidad estética y filosófica, sino que consolida una postura inflexible frente al oyente, obligándolo a enfrentarse a una obra que existe para corroer, desgastar y extinguir cualquier atisbo de complacencia.
Bajo el sangriento manto del black metal, VISERION se adentró en las profundidades de la literatura fantástica para dar forma a su álbum atmosférico Fire and Blood, lanzado en este reino el 16 de enero de 2026. El disco emergió como una obra marcada por la melancolía, la violencia y la épica trágica, forjada a partir de influencias fundamentales como ULTAR, 1349, SATYRICON y GATES OF ISHTAR, cuyas aproximaciones melódicas y atmosféricas dejaron una huella decisiva en la construcción sonora de la banda.
El tema principal abrió el álbum con una expresión de black metal más ortodoxa, estableciendo desde el inicio la esencia conceptual que impregnó todo el trabajo. La banda explicó que el proyecto había nacido del universo creado por George R. R. Martin, centrándose especialmente en la dinastía Targaryen, cuyo lema dio nombre al álbum: Fire and Blood.
La composición abordó los rituales de magia negra que, según los rumores ancestrales, la familia empleaba para someter la voluntad de los dragones. La ferocidad de la instrumentación y la severidad de las voces evocaron un clima de guerra, dominación y fanatismo arcano.
La introducción de “Mad King” se construyó sobre compases irregulares que generaron una sensación persistente de desorden y paranoia. Aquella inestabilidad fue intencional, reflejando los delirios, la crueldad y la inevitable caída del rey Aerys II. El caos sonoro se convirtió en metáfora de una mente fracturada por la obsesión y la locura.
“Reign of Fire” centró su narrativa en Aegon el Conquistador y su dragón Balerion, desplegando una atmósfera de dominación absoluta. El uso del groove, combinado con melodías abrasadoras, transformó la canción en uno de los momentos más imponentes del álbum, evocando el avance inexorable del fuego sobre los reinos conquistados.
La oscura cadencia de “Blackfyre” relató las Rebeliones Fuegoscuro mediante una estructura rítmica opresiva y ceremoniosa. La incorporación de teclados añadió capas espectrales que intensificaron su carácter narrativo. Parte de esta identidad sonora surgió durante la producción, cuando los teclados grabados por el ingeniero Billy inspiraron al mezclador Chris a concebir su utilización como un outro fúnebre y ritualista.
El horror alcanzó su punto más extremo en “Harrenhal”. La composición retrató la aniquilación de la fortaleza de Lord Harren bajo el fuego del dragón, convirtiéndose en un lamento de piedra derretida y cenizas. La instrumentación se manifestó como una fuerza imparable, apenas contenida por pasajes melódicos espectrales que emergieron como ecos de desesperación entre las ruinas humeantes.
Fire and Blood se erigió así como una crónica musical de conquista, locura y destrucción, donde la épica fantástica fue transformada en un ritual sonoro marcado por la oscuridad, el fuego y la muerte.
VOID MONUMENTS, banda rusa, irrumpe en 2026 con una ferocidad incuestionable en la escena internacional del death metal a través de Posthumous Imprecation, un álbum debut formado por ocho temas que operan como una auténtica campaña de devastación sonora. Desde el primer segundo queda claro que no hay espacio para concesiones: este no es un ejercicio de estilo ni un homenaje complaciente, sino una ofensiva frontal que reivindica la brutalidad más pura del death metal clásico.
El álbum se inaugura con “Intro”, un pasaje sombrío y ceremonial que funciona como antesala al estallido inmediato de “Epitome of Fear”, donde riffs afilados y una atmósfera asfixiante establecen el tono de violencia que dominará toda la obra. “Devilish Prophecies” intensifica la embestida con un enfoque oscuro y ritualista, dando paso a “Decapitate the Saints”, uno de los picos más brutales del disco, diseñado para aplastar sin misericordia.
En “Ascent to the Crucifixion”, VOID MONUMENTS se adentra en terrenos más densos y opresivos, profundizando en un discurso sonoro cargado de blasfemia y solemnidad fúnebre. La recta final no baja la guardia: “Invocation” actúa como un conjuro malsano de ritmo pesado y atmósfera enfermiza, antes de desembocar en “The Sign of Blasphemy”, un ataque directo que condensa la esencia más hostil y agresiva del álbum. El cierre, “Father of Sin”, es una losa final aplastante que sella el disco con autoridad y nihilismo.
A lo largo de estos ocho cortes, VOID MONUMENTS erige verdaderos muros de sonido que evocan la brutalidad y oscuridad del death metal de los años noventa, con claras resonancias de Malevolent Creation, Sinister, The Chasm, Monstrosity y Cenotaph. Sin embargo, estas influencias son absorbidas y reinterpretadas con criterio propio, evitando la imitación y reforzando una identidad sólida y despiadada. La producción, contundente y definida, maximiza el impacto sin pulir en exceso la aspereza, mientras que el arte visual acompaña con una estética blasfema, funeraria y coherente con el contenido musical.
Posthumous Imprecation no es un debut discreto ni una simple carta de presentación: es una declaración de guerra. VOID MONUMENTS demuestra, a través de ocho composiciones implacables, que el death metal de raíz sigue siendo un arma devastadora cuando se ejecuta con convicción absoluta, crudeza real y un desprecio total por la complacencia.
“Undying Order of the Black Flames” (2024) se alza desde las cenizas de los inviernos eternos, un estandarte negro que surge en la penumbra del Ragnarøkkr. Forjada en los abismos de los bosques ancestrales y los antiguos templos de piedra olvidados, esta obra es un tributo a las órdenes guerreras de antaño, a los secretos heréticos y a la sabiduría oculta de las runas, que guardan el poder del caos primordial.
Es un llamado a los espíritus libres, un retorno al fuego que arde bajo la oscuridad, a la fuerza de los ancestros que caminaron bajo cielos helados. Cada acorde es un conjuro de hielo y sombra, cada tema un ritual que invoca las fuerzas primigenias del mundo, recordando que incluso la luz más falsa se extinguirá ante la llama negra de la Orden.
Vindalf, implacable y ancestral, se erige como guardián de la llama que nunca muere. Rechaza la producción artificial, la modernidad complaciente y los sonidos que mancillan la esencia pura del metal. Mantiene viva la llama rúnica, la que ardió en los albores del caos, preservando la crudeza, la oscuridad y la autenticidad del espíritu pagano.
Este grimorio sonoro, compuesto por 11 temas, es un viaje por los abismos del mundo antiguo: bosques helados, ruinas olvidadas y cielos incendiados por el Ragnarøkkr. Cada composición invoca el poder de las runas, trazando caminos de destrucción y renacimiento en la eternidad del fuego y la sombra.
Aquí, entre ruinas de piedra y la eternidad de los inviernos, la llama negra nunca se extingue. Aquí, la Undying Order of the Black Flames perdura, eterna, indomable, y guiada por la oscuridad de las runas y la fuerza del Ragnarøkkr.
La banda finlandesa de black metal melódico Verilehto emerge de nuevo de los bosques del norte con su segundo álbum, Aarnihauta, cuyo título se traduce como “la tumba oculta en el bosque”. Un nombre que refleja con precisión la esencia del disco: un viaje a través de las sombras donde la naturaleza, la muerte y el folclore ancestral se entrelazan en una ceremonia de oscuridad y melancolía.
Fieles al espíritu del black metal finlandés de los 90, Verilehto destila una mezcla de riffs melódicos y abrasivos, voces desgarradas y una atmósfera inquietante, tan gélida como los parajes que los inspiran. Cada composición es un rito en el que las antiguas leyendas del norte cobran vida entre blast beats vertiginosos y pasajes narrativos cargados de un aura ritual y sombría.
Este nuevo capítulo marca además un renacimiento en la formación de Verilehto, con la incorporación de Markus Räppiö (ex–Kaira) al bajo, junto a Janne Partanen (Hautajaisyö, Alfa Pentatonik, Marraskuun Lapset, Paavalin Harhat) en la voz y Janne Tuikkala (Muria, Dawn of Everwinter) a la guitarra, batería y sintetizadores. Una alineación que consolida a la banda en su forma más intensa y cohesionada hasta la fecha.
Aarnihauta continúa la senda abierta por su debut Kuoleman Siipien Havina, pero se adentra aún más en los reinos de la introspección, la crudeza y la oscuridad espiritual. Grabado de manera independiente entre 2024 y 2025, el álbum mantiene una producción deliberadamente áspera, que potencia su carácter orgánico y su autenticidad ritual.
La portada, obra de la talentosa Awinita Alm, y el video oficial del tema homónimo —filmado en 2024 y editado por Tuikkala y Räppiö— completan la visión estética de este trabajo: una ofrenda sonora y visual al bosque, a la muerte y a los antiguos espíritus que aún susurran bajo la tierra finlandesa.
El lanzamiento de su segundo álbum, Aarnihauta, previsto para el 28 de noviembre de 2025 a través del sello Inverse Records.
Como anticipo de esta obra, la banda presenta su segundo sencillo, «Virvatulet», disponible desde hoy. Sumérgete en su fulgor espectral aquí:
Un nuevo y ominoso capítulo emerge desde las entrañas de Suiza: el 19 de septiembre de 2025 verá la llegada de “Tome II – Ignis Sacer”, el segundo álbum de estudio del cuarteto de black metal VÍGLJÓS, editado porLes Acteurs de L’Ombre Productions.
En esta obra, la banda se adentra en las profundidades del ergotismo, el envenenamiento provocado —ya sea por azar o voluntad— por la ingestión del hongo Claviceps purpurea, parásito ancestral del trigo. Esta plaga, tan invisible como devastadora, sembró siglos de desolación: delirios colectivos, histeria religiosa, persecuciones y hogueras encendidas en nombre de la pureza. Allí donde el hambre encontró su alimento contaminado, florecieron la locura y la muerte.
Inspirados por este espectro histórico, VÍGLJÓS declara:
“Con este disco buscamos rendir tributo al impacto que el Claviceps —y más tarde el LSD—, junto con las drogas en general, han tenido y aún tienen en el arte, la música, la sociedad, la medicina y nuestra propia percepción del yo. Un culto a la visión y al delirio, pero también al terror y la degradación que trajeron consigo.”
“Tome II – Ignis Sacer” ya se encuentra disponible en todas las plataformas de streaming, aguardando a quienes se atrevan a sumergirse en su fuego sagrado.