Nightspawn Descendants marca el esperado regreso discográfico de los estadounidenses The Day of the Beast tras Indisputably Carnivorous (2021), editado por Prosthetic Records, y consolida una evolución sonora que profundiza en su identidad death-thrash con matices blackened. Desde Estados Unidos, la banda reafirma su posición dentro de la escena extrema contemporánea con una propuesta más ambiciosa, oscura y expansiva.
Compuesto por 10 temas, el álbum despliega un recorrido intenso y cohesionado que alterna ráfagas de velocidad incendiaria con composiciones de blackened thrash de tempo medio impregnadas de una épica ominosa. Las estructuras adquieren mayor amplitud y dramatismo, mientras las letras se sumergen en imaginarios de terror vampírico, ocultismo y caos apocalíptico, articulando una narrativa sólida y envolvente.
En el apartado técnico, la producción eleva considerablemente el estándar del grupo. Mezclado por Ricardo Borges y masterizado por Tony Lindgren en los emblemáticos Fascination Street Studios de Suecia, Nightspawn Descendants destaca por su contundencia, claridad y profundidad sonora, consolidándose como el trabajo más intenso, cohesionado y pulido de The Day of the Beast hasta la fecha.
Torchia regresa desde las sombras de Finlandia con su cuarto álbum, They Are Born Under Rules of the Darkness, bajo el amparo de Rockshots Records. Esta obra, compuesta por nueve temas, es un descenso sin concesiones hacia los abismos más oscuros del metal.
El viaje comienza con “Nekromanteion”, un portal hacia la necrosis sonora, seguido por la vorágine de “Hellmouth” y la caída inevitable en “Into Hell”, donde la brutalidad se encuentra con atmósferas opresivas. La tormenta continúa con “Hellstorm”, antes de sumergirse en la desolación melancólica de “Die Amour”, y en los engranajes apocalípticos de “The Tiamat Machine”. La oscuridad se densifica con “Black Cat”, mientras que “Stygian Waters” arrastra al oyente a profundidades de pesadilla líquida, culminando finalmente en la teatralidad sangrienta de “Sanguine Masquerade”, un epílogo que encarna la misma esencia del horror y la fatalidad que recorre todo el álbum.
Torchia transforma su metal finlandés en un manifiesto de sombras: frío, implacable y siniestro, donde cada tema actúa como un escalón más hacia el abismo que domina toda la obra.
El lanzamiento oficial se producirá el próximo 8 de mayo de 2026.
Thy Disease regresa con una obra que desata, sin piedad, la faceta más despiadada de su sonido. United We Fall, editado por Creative Music Records, se erige como un descenso deliberado a la oscuridad total, compuesto por nueve temas que funcionan como capítulos de un mismo rito de devastación. Desde el primer latigazo de “Hellish Awakening”, la banda establece el tono: una atmósfera clásica, pero saturada de crudeza, donde no existe la más mínima concesión a la melancolía.
El recorrido continúa con la ferocidad de “Victims of Need”, la convicción sangrienta de “Regicide” y la visión nihilista de “Hollow Future”, trazando un sendero que se hunde cada vez más en un terreno inhóspito. “The Arsonist” y “Behind the Summit” intensifican aún más la sensación de colapso inminente, preparando el terreno para la invocación bélica que supone “Summoning of War”. Todo desemboca en la precisión cortante de “From Above”, donde un solo de guitarra irrumpe como un destello abrasador, antes de cerrar el descenso con la pieza titular, “United We Fall”, un final tan implacable como inevitable.
Las voces, ásperas y por momentos desgarradas, funcionan como el guía funesto de este viaje. En lo técnico, la banda mantiene un nivel elevado y feroz, abrazando un enfoque agresivo que no pierde control en ningún momento. Los teclados merecen una mención especial: siempre en segundo plano, tejen un trasfondo opresivo y casi cinematográfico, amplificando la sensación de horror sin competir con la instrumentación principal. Una elección que agradecerán quienes buscan distancia del exceso de elementos black metal presentes en muchas producciones contemporáneas.
El álbum fue grabado en Impressive Art Studio bajo la supervisión de Przemysław Nowak, cuyo trabajo se percibe en la nitidez agresiva del sonido. La mezcla y masterización estuvieron a cargo de Christian Donaldson —reconocido por sus trabajos con Cryptopsy, Suffocation, Shadow Of Intent, Ingestedy Despised Icon—, responsable del impacto sónico demoledor que caracteriza al disco.
Con sus nueve piezas encadenadas, United We Fall es un retorno implacable al death metal más clásico: una obra que no busca halagar, sino someter; oscura, incisiva y absolutamente devastadora.
El concepto de BARDO nace en el corazón de la tradición budista, donde se describe como el estado intermedio, un corredor sombrío y obligatorio que toda conciencia debe recorrer después de la muerte y antes de su siguiente renacimiento. No es simplemente un tránsito: es un territorio liminal donde las sombras conservan la memoria de lo que fuimos, un eco prolongado entre el final y el inicio. BARDO comparte similitudes con el purgatorio, pero su naturaleza es más profunda, más inquietante… es el abismo silencioso entre la disolución y el regreso. Por esa razón, el nombre parecía inevitable para este álbum, que, paradójicamente, no presenta vida nueva, sino vidas recuperadas.
Las nueve piezas que conforman BARDO provienen de los primeros cuatro álbumes de Tehmodhjin, publicados entre 2009 y 2016. Ocho de ellas han sido regrabadas y reesculpidas para esta encarnación, mientras que una, hasta ahora oculta en las sombras, se registra por primera vez oficialmente. Cada una de estas composiciones fue arrancada de su existencia previa, entregada a la muerte y sumergida en el velo del BARDO para renacer bajo una nueva forma.
El álbum abre con “Undying Tomb”, un mausoleo sonoro que simboliza el recinto donde reposan las obras antes de su resurrección. Le sigue “In Pursuit of the Morning Star”, una búsqueda desesperada de luz en medio de la oscuridad transitoria del más allá. Desde ahí, “Spiders Who Regret Nothing” teje una red de fatalidad y aceptación, recordándonos que en el BARDO no existe el arrepentimiento, solo transformación.
“My Eyes Beheld a Moonlit Beauty” representa una visión efímera, un destello iluminado por la luna que guía al espíritu entre sus antiguas memorias. “Can You See?” interroga directamente al oyente, cuestionando la capacidad de percibir aquello que yace entre mundos. Luego emergen las dos encarnaciones de “Endurance”, duplicadas como reflejos distorsionados dentro del pasaje espiritual: dos estados del mismo espíritu que lucha por persistir en el vacío.
En el tramo final, “Chenrezig”, inspirado en la figura budista de la compasión, actúa como un faro de trascendencia que intenta guiar al viajero fuera del umbral. Y finalmente, “Trimurti” clausura el viaje, invocando la tríada divina que destruye, preserva y crea, recordándonos que toda muerte es, en secreto, un preludio de renacimiento.
Así, cada canción del álbum ha cumplido su ciclo: vivió, fue olvidada, murió… y atravesó el BARDO para regresar con un nuevo rostro, reconstruida, reanimada y dispuesta a habitar nuevamente este mundo como parte del misterioso y oscuro renacer de BARDO.
Desde las entrañas del inframundo metálico, Themalefik retorna con su obra más devastadora hasta la fecha: Covenant of Chaos. Este nuevo álbum no es un simple regreso, sino una invocación armónica del caos, un manifiesto de guerra donde la brutalidad ancestral y la precisión contemporánea convergen en un solo acto de violencia sonora.
El conjunto canaliza la furia primitiva del thrash metal y la arrastra a través de un túnel de fuego, ruido y blasfemia. Aquí no hay concesiones ni ornamentos: cada compás golpea como un martillo de guerra, cada riff es una hoja forjada en hierro y odio. Covenant of Chaos no busca entretenimiento, sino purificación a través de la destrucción.
Evolucionando sobre las cenizas de sus trabajos previos, el álbum encarna la madurez del grupo, capturando la esencia más pura e implacable del género. Sus ocho composiciones forman un cuerpo indivisible: un ritual de aniquilación estructurado con precisión demoníaca, donde la agresión se alía con el control, y la furia se eleva a arte.
Un descenso en ocho actos
El viaje comienza con “Declaration of Desecration”, una apertura sacrílega que despliega disonancias abrasivas y voces que parecen brotar desde un abismo sin fondo. Es el prólogo de la perdición: un anuncio de que lo sagrado ha sido despojado de poder y que la oscuridad ha tomado su trono.
“Crucifixion Curse” cabalga con el ímpetu de la vieja guardia del metal, pero pervertida y acelerada hasta la extenuación. Las guitarras se baten en duelos de furia controlada, mientras las letras escupen herejía y desprecio hacia toda forma de redención.
En “Slaughter of the Innocent”, el vértigo domina. Blast beats frenéticos y riffs de precisión quirúrgica se funden en una tempestad que no concede respiro. Es el thrash metal reducido a su núcleo más brutal: velocidad, violencia y nihilismo.
“Forged in Hellfire” abre con un riff grave y opresivo, como el rugido de un horno infernal que precede a la devastación. La canción se alza como himno a la legión del abismo, un cántico a las fuerzas que renacen entre cenizas y sangre.
El punto de equilibrio llega con “Reign of the Beast”, un medio tiempo monumental donde la melodía emerge entre la devastación. Con solos armonizados y un estribillo imponente, se erige como la pieza más accesible del álbum, sin sacrificar su carácter apocalíptico.
“Ritual of Annihilation” profundiza en la oscuridad, abriendo con percusiones tribales que evocan ceremonias arcaicas antes de desembocar en un torbellino técnico y violento. Aquí, Themalefik demuestra que su caos no es desorden, sino voluntad estructurada de destrucción.
Con “Blackened Skies”, la banda alcanza el paroxismo. Una tormenta de riffs vertiginosos, blast beats a velocidades inhumanas y solos abrasivos que culminan en un clímax de absoluta devastación. Es el sonido del mundo colapsando bajo su propio peso.
Finalmente, la obra culmina con la majestuosa “Covenant of Chaos”, una oda al fin de todas las cosas. Inicia con arpegios sombríos que simulan un instante de calma antes de desatar un vendaval de secciones cambiantes. Su solo final es una síntesis del disco entero: furia, melodía, precisión y caos absoluto. Es el sello de un pacto eterno con las fuerzas primordiales de la oscuridad.
Conclusión
Con Covenant of Chaos, Themalefik no solo reafirma su lugar dentro de la escena extrema, sino que trasciende sus propios límites. Este álbum es una experiencia inmersiva, un viaje que combina la violencia ritual del thrash más despiadado con una ejecución impecable y una atmósfera que rezuma muerte y trascendencia.
Pocos discos del género consiguen canalizar tanta ira, técnica y oscuridad con semejante convicción. Covenant of Chaos no busca complacer: devora, consume y consagra.
«Tempelschlaf» desciende como un rito de extinción, el séptimo grimorio sonoro de The Ruins of Beverast, en el que la banda se sumerge aún más en su mórbido universo de disonancia, ruina y carne espiritual en descomposición. Aquí, la música respira un aire envenenado, saturado de ecos humanos que agonizan entre los muros derruidos de su propio templo interior. Los graves —abismales y palpitantes como el retumbar de una tierra enferma— continúan siendo la columna vertebral de este descenso, sosteniendo el peso de una visión que se marchita entre la fe y la podredumbre.
En su plano instrumental, «Tempelschlaf» se despoja de todo ornamento, como un cadáver preparado para su último rito. Las canciones se condensan, reducidas a su esencia más ritual y doliente, invocando un pulso litúrgico que avanza con la solemnidad de una procesión fúnebre. Sin embargo, la firma inconfundible de TROB —esa capacidad de traducir la pesadilla a sonido, de hacer audible el delirio— persiste con una claridad inquietante.
Los sintetizadores y samples, antaño sombras latentes en su sonido, se transforman ahora en portales de locura y alucinación, arrastrando al oyente hacia una psicosis lumínica donde lo místico y lo enfermizo convergen. «Tempelschlaf» no se escucha: se padece, se contempla como un sueño febril que, al desvanecerse, deja tras de sí la certidumbre de haber mirado dentro del abismo.
Desde el corazón espectral de Austria, el enigmático cónclave Transilvania emerge de su reclusión para ofrecer el primer y visceral demo de su inminente opus de larga duración, titulado "Magia Posthuma".
Este fragmento sonoro, bautizado como "Hallows of the Heir", es más que un simple adelanto; es una advertencia resonante. La grabación seminal, imbuida de una oscuridad palpable y primordial, destila la esencia misma de la desesperanza y la reverencia por lo oculto. El demo sirve como el preludio ineludible a un viaje a través de paisajes sónicos desoladores, donde la introspección más profunda converge con la decadencia estética.
"Magia Posthuma" se perfila no solo como un álbum, sino como una declaración artística solemne y definitiva, un grimorio musical cincelado con riffs gélidos y una percusión implacable. Transilvania, con esta ofrenda cruda, reafirma y consolida su maestría compositiva en los reinos más sombríos y esotéricos del Black Metal. Aquellos que se atrevan a escuchar serán testigos del descenso a la más auténtica magia póstuma.