Forjado en condiciones extremas, Old World Dead es un álbum nacido de la tensión, el desgaste y la determinación. Su composición se desarrolló durante el periodo más oscuro de la pandemia de la COVID-19, en paralelo a profundos cambios en la formación de la banda, factores que marcaron de forma decisiva el carácter sombrío y opresivo del disco.
El título Old World Dead define con precisión su concepto: la visión de un mundo antiguo, corrompido y definitivamente muerto, un paisaje decadente al que no existe deseo alguno de regresar. El álbum se estructura en diez temas que avanzan como un descenso continuo hacia ese escenario desolado, reforzando una atmósfera densa, agresiva y sin concesiones.
A nivel de producción, el disco mantiene una línea coherente con su predecesor, apostando por un sonido crudo, poderoso y directo. La grabación se llevó a cabo en Southock Recording, mientras que la mezcla y masterización fueron realizadas por Wojtek Wieslawski en Hertz Studio, figura clave del metal extremo y responsable del sonido de bandas legendarias como Vader, Behemoth, Hate o Decapitated.
El arte del álbum vuelve a estar firmado por Vladimir “Smerdulak” Chebakov, reconocido por su trabajo con Within Destruction y colaborador habitual de la banda. Su portada refuerza visualmente la sensación de decadencia, muerte y ruina que impregna todo el disco.
Lejos de repetirse o mirar atrás, Old World Dead representa un paso firme hacia adelante. Sin artificios ni experimentos innecesarios, el álbum eleva la intensidad, afila su identidad y consolida un sonido más oscuro, sólido y reconocible. No hay espacio para la nostalgia: solo evolución, brutalidad y una declaración clara de intenciones.
El EP Life, Sex and Death de Cult of Fire, lanzado en 2016 y compuesto por cuatro temas, no se presenta como una simple extensión de su discografía, sino como un ritual sonoro dedicado a Chhinnamasta: la diosa que encarna la muerte como transformación, la sexualidad como energía primordial y la vida como un acto perpetuo de destrucción y renacimiento. Aquí, la banda no interpreta un concepto; lo canaliza. Cada minuto parece parte de una ofrenda tántrica convertida en música.
En lo sonoro, el trabajo se despliega como una ceremonia sombría. Los sintetizadores orquestales erguidos sobre la estructura del black metal no suavizan la oscuridad característica de Cult of Fire: la magnifican, convirtiéndola en un espacio sagrado donde la atmósfera pesa y respira. Las voces, envueltas en un eco que parece surgir de cámaras rituales ocultas, funcionan más como invocaciones que como líneas vocales convencionales. Este equilibrio entre lo sinfónico, lo ascético y lo profundamente espiritual conforma un paisaje donde el black metal se siente no solo musical, sino litúrgico.
El epicentro del EP es “Chhinnamasta Mantra”. La voz femenina que entona el mantra lo hace como quien abre un portal: no interpreta, conjura. Las guitarras, tensas y brillantes como cuchillas ceremoniales, se entrelazan con capas atmosféricas que inducen un trance oscuro. La psicodelia aquí no busca claridad: nubla, desorienta, arrastra al oyente hacia un estado liminal donde lo terrenal y lo sagrado se confunden. Es un tema que no solo destaca; define la naturaleza espiritual de la obra.
Los cuatro temas funcionan como los pasos consecutivos de una misma liturgia. El uso puntual de instrumentos como el sitar —serpenteando entre sombras densas— o breves apariciones de guitarras acústicas que se sienten como recuerdos de vidas anteriores añaden profundidad sin romper la cohesión ritual del conjunto. Nada suena aislado: cada pieza contribuye a sostener el mismo fuego ceremonial.
Escuchado de forma continua, Life, Sex and Death se revela como una invocación oscura y cuidadosamente elaborada. Cult of Fire logra condensar la esencia contradictoria de Chhinnamasta —vida y muerte, creación y destrucción, éxtasis y aniquilación— en un viaje de apenas cuatro actos que se siente mucho más vasto de lo que su duración sugiere. Un trabajo que no solo honra a la diosa: la despierta.
"Paradeigma (Phosphenes of Aphotic Eternity)" emerge de las sombras como el descendiente oscuro y retorcido de "Gnosis Kardias" (extraído del influyente álbum "Transcension e Involution"), adentrándose en las profundidades insondables de la atmósfera experimental y corrompiendo sin piedad los cimientos del black metal de la banda para llevarlos a territorios aún más siniestros y vanguardistas.
Estas composiciones se construyen sobre atmósferas espesas y enmarañadas que oprimen y sofocan, pero al mismo tiempo se expanden en una vastedad sombría. Cada canción se convierte en una escena cinematográfica donde la música se arrastra y retuerce, como si fuera una entidad propia que se mueve dentro y sobre sí misma. En conjunto, el álbum se manifiesta como una monstruosa amalgama de auras enmascaradas y expresiones malignas, arrastrando al oyente a un abismo oscuro y perturbador.
"Inferno" funge como guía a través de un viaje por sendas olvidadas y aterradoras. Si bien el black metal sirve como punto de partida, a lo largo del periplo, la banda desentierra aspectos ocultos que rara vez se revelan. "Paradeigma (Phosphenes of Aphotic Eternity)" encarna la esencia de emociones crudas labradas en paisajes sonoros tenebrosos. Este álbum es una travesía progresiva y experimental que permite que Inferno se despoje aún más de su identidad ennegrecida para emerger con una oscuridad deslumbrante, revelando una majestuosidad oculta y siniestra que te sumergirá en una pesadilla inquietante.
Este disco representa el siguiente escalón en la evolución implacable de Inferno. Enfocado en la atmósfera y el sentimiento, "Paradeigma (Phosphenes of Aphotic Eternity)" es una experiencia auditiva verdaderamente tenebrosa, un abrazo en las tinieblas que desafía los límites del género y te arrastra a un abismo profundo y enigmático de su sonido implacable. Un deleite perverso solo para aquellos lo suficientemente audaces como para explorar sus profundidades.