El concepto de BARDO nace en el corazón de la tradición budista, donde se describe como el estado intermedio, un corredor sombrío y obligatorio que toda conciencia debe recorrer después de la muerte y antes de su siguiente renacimiento. No es simplemente un tránsito: es un territorio liminal donde las sombras conservan la memoria de lo que fuimos, un eco prolongado entre el final y el inicio. BARDO comparte similitudes con el purgatorio, pero su naturaleza es más profunda, más inquietante… es el abismo silencioso entre la disolución y el regreso. Por esa razón, el nombre parecía inevitable para este álbum, que, paradójicamente, no presenta vida nueva, sino vidas recuperadas.
Las nueve piezas que conforman BARDO provienen de los primeros cuatro álbumes de Tehmodhjin, publicados entre 2009 y 2016. Ocho de ellas han sido regrabadas y reesculpidas para esta encarnación, mientras que una, hasta ahora oculta en las sombras, se registra por primera vez oficialmente. Cada una de estas composiciones fue arrancada de su existencia previa, entregada a la muerte y sumergida en el velo del BARDO para renacer bajo una nueva forma.
El álbum abre con “Undying Tomb”, un mausoleo sonoro que simboliza el recinto donde reposan las obras antes de su resurrección. Le sigue “In Pursuit of the Morning Star”, una búsqueda desesperada de luz en medio de la oscuridad transitoria del más allá. Desde ahí, “Spiders Who Regret Nothing” teje una red de fatalidad y aceptación, recordándonos que en el BARDO no existe el arrepentimiento, solo transformación.
“My Eyes Beheld a Moonlit Beauty” representa una visión efímera, un destello iluminado por la luna que guía al espíritu entre sus antiguas memorias. “Can You See?” interroga directamente al oyente, cuestionando la capacidad de percibir aquello que yace entre mundos. Luego emergen las dos encarnaciones de “Endurance”, duplicadas como reflejos distorsionados dentro del pasaje espiritual: dos estados del mismo espíritu que lucha por persistir en el vacío.
En el tramo final, “Chenrezig”, inspirado en la figura budista de la compasión, actúa como un faro de trascendencia que intenta guiar al viajero fuera del umbral. Y finalmente, “Trimurti” clausura el viaje, invocando la tríada divina que destruye, preserva y crea, recordándonos que toda muerte es, en secreto, un preludio de renacimiento.
Así, cada canción del álbum ha cumplido su ciclo: vivió, fue olvidada, murió… y atravesó el BARDO para regresar con un nuevo rostro, reconstruida, reanimada y dispuesta a habitar nuevamente este mundo como parte del misterioso y oscuro renacer de BARDO.
Desde los abismos más profundos donde la luz no se atreve a penetrar, Xaemora emerge como heraldos del caos melódico y sinfónico para anunciar el inicio de su ambiciosa saga: “Carnivores in Heaven”. Este primer capítulo, materializado en el single “Of Serpents and Vultures”, no es una mera composición: es un rito de iniciación, una invocación que arrastra al oyente hacia territorios donde lo sublime y lo abisal se funden en un mismo estremecimiento.
El lanzamiento contiene tres nuevas composiciones y tres reliquias reimaginadas de su periodo temprano, todas llevadas al límite por la formación actual de la banda, cuyos integrantes provienen de destacadas entidades del metal extremo como Stormruler (Napalm Records) y Black Fast (eOne). Cada miembro aporta un historial de ferocidad y técnica que se traduce en un sonido abrumador, oscuro y meticulosamente calculado, capaz de aplastar y cautivar al mismo tiempo.
Xaemora se mueve en un terreno donde épicas melodías se enfrentan a riffs demoledores, donde atmósferas sinfónicas densas y capas de oscuridad sonora crean un universo propio. Aunque algunos podrían evocar nombres como Emperor, Dimmu Borgir o Hypocrisy, la banda se distancia de cualquier comparación, construyendo un lenguaje que es brutal, majestuoso y visceral, con una identidad inconfundible que fusiona lo ancestral con lo moderno. Cada acorde y cada textura ha sido mezclada y masterizada por Dreathus Harris, quien logra imprimir a la obra una claridad tan mortal como intensa, haciendo que cada sombra sonora golpee con fuerza implacable.
“‘Carnivores in Heaven’ Chapter 1 es solo la puerta de entrada a un relato que hemos estado forjando en silencio durante años”, declara la banda.
“Este trabajo conecta nuestro pasado más primitivo con la fuerza despiadada de nuestro presente. Es un puente entre la memoria y la creación, un acto de devoción hacia nuestras raíces mientras exploramos territorios nuevos, más profundos y sin compromisos”.
La narrativa de Xaemora no se limita a la música: es un ritual completo, una experiencia que desafía la complacencia y sumerge al oyente en un océano de sombras, épica y furia contenida. Cada tema, ya sea una composición inédita o una regrabación, es un acto de reconstrucción y transgresión, donde lo antiguo se fusiona con la modernidad para crear un sonido que golpea con precisión quirúrgica y deja cicatrices indelebles en el paisaje del metal extremo.
En este momento, Xaemora se encuentra en la búsqueda de management y soporte discográfico para dar continuidad a la saga “Carnivores in Heaven”, un proyecto que promete redefinir los límites del black metal contemporáneo. Mientras tanto, “Of Serpents and Vultures” está disponible en Spotify, YouTube y todas las plataformas digitales, ofreciendo un primer vistazo a la devastación sonora que se avecina. Para aquellos que deseen explorar más allá de los límites, la banda mantiene contenido exclusivo, actualizaciones y material adicional en su sitio web oficial, Bandcamp y redes sociales, alimentando la oscuridad que seguirá expandiéndose con cada nuevo capítulo.
Xaemora no ofrece consuelo ni refugio: ofrece un descenso glorioso hacia la oscuridad, un camino donde la luz se desvanece y solo sobreviven los que se atreven a enfrentarse a la furia sonora y a las sombras que habitan en cada nota.
Este proyecto en solitario surge como la manifestación más insondable de Frosk, el arquitecto del riff que forjó su nombre en Hekseblad y Frog Mallet. Publicado en 2023, este engendro sonoro de 7 himnos malditos se levanta como un monolito de USBM puro: frío, lacerante y saturado de una melancolía que se arrastra como un espíritu en pena entre ruinas ancestrales. Cada tema es una herida que supura miseria, un testamento a la habilidad casi ritual de Frosk para manipular sombras, distorsión y angustia hasta moldearlas en un único y abrasador acto de devoción a la oscuridad.
La obra deambula entre el lamento enfermizo del DSBM, la agresión primitiva que muerde con colmillos de hielo y los pasajes espectrales de dungeon synth que se elevan como vapores de criptas olvidadas. Es un descenso, no un simple álbum: un viaje litúrgico donde las guitarras se convierten en cuchillas, los ritmos en pulsaciones de un corazón muerto y los silencios en presagios que acechan desde la negrura.
Concebido para los verdaderos acólitos del metal más extremo, este lanzamiento de 2023 se erige como un artefacto trve kvlt, una reliquia maldita destinada a resonar eternamente en los abismos donde la luz jamás se atreve a entrar.
Como precuela y culminación de las crónicas anteriores, The Third Temple se adentra con mayor profundidad en los apócrifos malditos de Salpsán, la carne viva del Anticristo, y en el camino de sangre y revelación que lo conduce a reclamar el trono profano de la Tierra. En los albores de la historia, los templos de Salomón y Herodes se erigieron sobre Jerusalén como manifestaciones de un orden divino condenado a perecer. Ambos sucumbieron, aplastados por la conjunción de fuerzas mortales y voluntades infernales que desafiaron la luz y abrieron grietas hacia lo abisal.
Las dos primeras partes de The Third Temple narran la caída de esos santuarios y de las reliquias que custodiaban: receptáculos de un poder tan antiguo como la primera rebelión celestial. Bajo sus cimientos, selladas por siglos de miedo, yacían presencias oscuras que no olvidan ni perdonan. Seres que oyeron el primer rugido de la Serpiente y que aguardan, con la paciencia de lo inmortal, el momento en que la arrogancia humana vuelva a quebrar su débil muralla espiritual.
En la tercera parte, el mundo se aproxima al umbral de una nueva era. Las naciones y los credos —viejos y recientes, santos y heréticos— se enfrentan por la posesión del suelo consagrado de Tierra Santa, ignorantes de que cada disputa acelera la resurrección de un plan sellado desde la caída de Lucifer. En este escenario convulso, el Antimasia descubre el peso de su destino: no solo decidirá si se alinea con el renacimiento del Tercer Templo, sino si se convertirá en el heraldo que inaugure el reino visible de Satanás sobre la Tierra. Su elección será el detonante final que abrirá las puertas a la coronación de Salpsán y al retorno de las potencias infernales al dominio humano.
Este álbum no es mera música: es un acto de Siḥr, una invocación en forma de sonido, un susurro de Magia Negra que despierta al Rey y a su esfera planetaria. Cada tema funciona como un sello abierto, una ofrenda ardiente a los fuegos de Samūm, donde los genios divinamente infernales aguardan para guiar o consumir las mentes de quienes se atreven a cruzar los umbrales velados del subconsciente.
Entre sus notas se ocultan fórmulas sonoras y versos velados que actúan como ritos menores de invocación, abriendo grietas hacia el abismo. Allí resuenan los nombres prohibidos: el ‘Ifrit, señor de las brasas invisibles; Ummu Sibyan, el nombre árabe de Lilith, madre de la carne y del extravío; los Ghūls famélicos, sombras devoradoras, y otras entidades de las legiones abisales, convocadas por el eco de cada acorde.