En una era marcada por la claudicación y el desgaste espiritual, el segundo trabajo de AETHER, Verfallsschemen, emerge como un monolito de ruina, ceniza y desolación consciente. Concebido como una obra cerrada y deliberadamente austera, el álbum se articula en cuatro temas, cuatro movimientos que no funcionan como canciones aisladas, sino como etapas de un mismo descenso.
Lejos de cualquier estructura complaciente, Verfallsschemen no aspira a ser una mera sucesión de composiciones: es una inmersión ritual, un espejo implacable de la fractura interior. Entre una melancolía glacial y estallidos de autodestrucción controlada, la obra edifica un paisaje sonoro que rechaza cualquier promesa de redención. Aquí, la belleza no se encuentra en la luz, sino en la contemplación prolongada del abismo.
Cada nota destila nihilismo; cada transición resuena como un testimonio del vacío persistente. Para quienes no se conforman con escuchar, sino que buscan confrontar y sentir, Verfallsschemen no es simplemente un álbum: es una experiencia corrosiva, que arde, se fragmenta y se consume, dejando tras de sí una liberación tan incómoda como inevitable.
El dúo alemán Mystic Circle regresa con una fuerza devastadora en Hexenbrand 1486, un álbum compuesto por diez himnos de pura ferocidad ritual que elevan su black metal a una dimensión más cruel, más incisiva y más implacable. Este no es un simple lanzamiento: es una sentencia, un acto de fuego y acero que reafirma su dominio absoluto sobre el espectro melódico y sinfónico del género.
Desde el instante en que Luciferian irrumpe como un estandarte de rebelión infernal, el álbum deja claro que aquí no hay concesiones: solo una marcha directa hacia la oscuridad más severa. La presencia seductora y venenosa de The Scarlet Queen of Harlots y la amenaza opresiva de Boogeyman consolidan una primera embestida donde el miedo, la blasfemia y el poder herético se entrelazan con precisión quirúrgica.
La obra se hunde sin piedad en terrenos aún más profanos con In the Sign of the Goat, una invocación que enmarca la esencia primigenia del black metal, seguida por la presencia espectral de Ghost of Whitechapel, donde la violencia histórica resurge como un cadáver que se niega a descansar. La figura de Institoris (Heinrich Kramer) se alza como un recordatorio brutal de la maquinaria inquisitorial, desencadenando un diálogo directo con la cacería deshumanizante evocada en The Bible of Witch Chase. Ambos temas forman un núcleo de crueldad conceptual que sofoca, que presiona, que quema.
El disco cobra un tono aún más despiadado en Blutschande Unzucht Sodomie, donde la agresividad se desata sin filtros, sostenida por guitarras afiladas que rozan lo bélico. Esta violencia ascendente desemboca en la diabólica exaltación de Dance on the Wings of Black Magic, una pieza que arde como un aquelarre en plena combustión antes de que Zeugnis der Verachtung (Outro) sellen el álbum con un desprecio final tan helado como ceremonial.
Hexenbrand 1486 es una obra que no busca contentar: busca someter. Mystic Circle no solo preserva el espíritu del black metal de los noventa, sino que lo retuerce, lo afila y lo proyecta hacia un abismo más profundo. Cada uno de sus diez temas es un golpe, una marca, una condena. Un álbum que arde, consume y deja tras de sí la sombra de una época que nunca terminó de morir.
Infyrna – Weltschmerz: Anatomía de la Desintegración y la Trascendencia
Desde las profundidades del panorama extremo alemán surge Infyrna con Weltschmerz, una obra que trasciende lo meramente musical para convertirse en un tratado sonoro sobre la angustia existencial. El álbum adopta el concepto de “dolor universal” y lo somete a una disección minuciosa, revelando cada nervio expuesto con una precisión casi ritual.
Lo que aquí se despliega es un descenso deliberado hacia el derrumbe interior: una travesía donde Serpent Choir abre la herida, Misanthrope or Filled With Darkness la profundiza y Purifying Fire la cauteriza solo para reabrirla más adelante. Era in Chains y The Passion of Cruel Knowledge conforman el núcleo más denso del álbum, un doble latido en el que la conciencia se asfixia entre cadenas. La repetición purificadora —y condenatoria— regresa en Purifying Fire II, antes de que Contempt y Echoes of a Fallen Pantheon desplieguen un paisaje final de ruinas sobre las que solo queda el eco del desamparo. La clausura llega con Heimkehr, un retorno no a la luz, sino a un hogar quebrado por la revelación del vacío.
Musicalmente, cada composición se alza como un bloque inamovible de Atmospheric Black Metal, construido con riffs que cortan como aire helado, percusiones que laten como un corazón agotado y atmósferas que envuelven todo en un manto de desolación persistente. Infyrna trabaja aquí con una frialdad estética que no busca conmover, sino exponer: revelar aquello que permanece oculto bajo las capas de conciencia.
Weltschmerz se presenta así como una obra de oscuridad meticulosa, rigurosa en su visión y firme en su propósito. Es una experiencia intensa y profundamente introspectiva, destinada a quienes reconocen que la belleza puede surgir —sin concesiones— del enfrentamiento directo con las sombras más hondas del espíritu.
Nacido entre brasas, humo y susurros sacrílegos, Fullmoon Rite, la enigmática y feroz formación alemana, emerge nuevamente desde los abismos para presentar su obra más ambiciosa hasta la fecha: “Ad Lucifer Aeternum Gloriam”. Forjado en el eco eterno de los Siete Círculos del Infierno, este álbum no es simplemente una colección de canciones, sino un grimorio sonoro, un rito blasfemo que canaliza fuerzas ancestrales a través de sus 10 temas cargados de furia, atmósfera y devoción ritualista.
Cada composición funciona como una invocación, un pasaje abierto hacia dominios donde la luz se extingue y sólo prevalece el dominio de las sombras. Guitarras afiladas como dagas ceremoniales, percusiones que golpean como martillos sobre el hierro infernal y voces que se elevan cual letanías prohibidas construyen una experiencia que traspasa lo musical para convertirse en un viaje a lo más profundo de la oscuridad interior.
Fullmoon Rite, fiel a su identidad hermética y ceremonial, convoca en este álbum una espiritualidad pagana y sombría, destinada a resonar entre los adeptos del black metal más ortodoxo y esotérico.
La producción de “Ad Lucifer Aeternum Gloriam” se está llevando a cabo en sólida y meticulosa colaboración con Pesttanz Klangschmiede, sello reconocido por su dedicación al sonido crudo, atmosférico y despiadadamente auténtico del género. Bajo su manto, el álbum adquiere una presencia casi litúrgica: cada capa sonora ha sido moldeada para preservar el carácter ritual, la densidad espiritual y la crudeza primigenia que definen a Fullmoon Rite.
El lanzamiento oficial está programado para el 19 de diciembre de 2025, fecha en la que esta obra abrirá sus portales para desatar, sobre el mundo de los mortales, una tormenta de oscuridad ceremonial y fervor arcano. “Ad Lucifer Aeternum Gloriam” no solo promete ser un hito dentro de la trayectoria del grupo, sino también una ofrenda monumental para aquellos que buscan en el black metal algo más profundo que música: una liturgia, un culto, una experiencia.
En 2014, Pest —una fuerza inamovible dentro del black metal alemán— dejó tras de sí Buried, un epitafio tan implacable como inevitable. Parecía el cierre definitivo de una entidad nacida en 1997 y responsable de cuatro álbumes que marcaron la última década. Sin embargo, contra toda lógica, la banda emerge ahora desde las profundidades con un último y perturbador legado: Eternal Nightmares.
La muerte de Mrok, cofundador de Pest, en 2011, golpeó a la banda con un peso casi ritual. Una década después, fue precisamente esa ausencia la que volvió a encender la chispa creativa. En lugar de reemplazarlo, Scum decidió honrarlo dejando que Mrok regresara de la manera más fiel posible: recuperando y reanimando su batería original, un pulso que late como un eco espectral dentro del álbum. Sobre esa base resucitada se despliegan los riffs hipnóticos y ominosos de Scum y Atax, ahora reforzados por la afilada incorporación de Brandt. El resultado es un trabajo que parece preservado en el tiempo, pero corroído desde dentro: un retrato oscuro que no envejece, solo se vuelve más inquietante.
Las voces dementes de Mr. Blasphemy y Atax atraviesan la mezcla como cuchillas delgadas y frías, estremeciendo la piel mientras inducen un trance casi ceremonial. La tormenta de riffs —arrolladores, densos, llenos de una violencia espectral— genera una atmósfera que asfixia, envuelve y consume. Y la peculiar cadencia medieval que siempre distinguió a Pest, ya presente en su demo y primeros lanzamientos, resurge aquí con una madurez aún más siniestra. Eternal Nightmares consolida el linaje oscuro de la banda y actúa como un epitafio solemne… si es que deciden regresar a la tierra que los reclama.
Para Pest, innovar siempre ha significado retroceder hacia la raíz, hacia lo primario, hacia lo auténtico. Este nuevo álbum fue grabado y mezclado íntegramente por la banda en su propia sala de ensayo, exactamente como lo hicieron hace veinticinco años. No hay artificio, no hay luz, no hay concesiones: solo la esencia desnuda del caos.
Adéntrate en sus Eternal Nightmares… y deja que la oscuridad hable por sí misma.