Hay discos que se escuchan… y otros que se invocan bajo condiciones que rozan lo prohibido. Fvndamentvm, segundo larga duración de Azoth, publicado en 2025 desde Colombia, no pretende agradar ni perdurar en la superficie: es un descenso sin retorno, un artefacto de violencia espiritual moldeado en las zonas más pútridas del Black/Death Metal.
Nueve temas emergen como salmos de negación absoluta, construidos sobre riffs que no fluyen, sino que desgarran, que reptan con una intención casi parasitaria. La batería no marca el pulso: lo aplasta, lo somete a una cadencia marcial que recuerda más a una marcha fúnebre que a cualquier estructura convencional. Las voces, lejos de comunicar, escupen, invocan, corroen; son el eco de algo que no debería tener forma humana.
Aquí no hay atmósfera en el sentido estético: hay asfixia. La producción es densa, opresiva, como si el aire mismo hubiera sido drenado del sonido. Todo en Fvndamentvm apunta hacia la aniquilación: de la fe, de la carne, de la identidad. No hay espacio para la técnica exhibicionista ni para la melodía complaciente; lo que domina es una crudeza primitiva, casi ritualista, donde cada pasaje parece parte de una liturgia de destrucción.
Azoth no compone canciones: ejecuta un rito. Uno donde el oyente no participa por voluntad, sino que es arrastrado, expuesto, consumido. Las invocaciones apocalípticas que atraviesan el álbum no se limitan a sugerir el fin… lo materializan en forma de ruido, de furia, de vacío.
Al finalizar, Fvndamentvm no deja huella en el sentido tradicional. Deja desgaste. Una sensación de haber sido erosionado desde dentro, como si algo hubiera sido arrancado y no fuera a volver. No hay catarsis, no hay cierre. Solo ceniza… y el silencio incómodo que queda cuando incluso el abismo ha terminado de hablar.
La lengua ennegrecida de Iblis se desgarra nuevamente en un susurro de apostasía, extendiendo su veneno sobre las alas abismales de Buraq. Desde los restos humeantes de santuarios profanados, Cadaveric Messiah emerge como una entidad reanimada por el odio y la ceniza, reclamando su lugar en el altar de la devastación sonora.
Con “Entombed in Yahannam”, la banda desciende aún más en su propia cripta conceptual: diez invocaciones de muerte bestial y hechicería antiabrahámica que no buscan redención alguna, sino la aniquilación ritual de toda luz. La obra se articula como un grimorio de violencia litúrgica, donde cada riff es un latigazo, cada percusión un martillo sobre huesos sagrados, y cada alarido un salmo invertido que reverbera en las bóvedas del inframundo.
La producción preserva una crudeza deliberada, casi funeraria, que potencia la sensación de inmediatez y blasfemia tangible. No hay concesiones ni ornamentos superfluos: únicamente oscuridad densa, atmósferas sofocantes y una ejecución que conjura el caos como principio estético y espiritual.
El álbum será coeditado en formato casete profesional junto a Entropy Records (Colombia), sellando una alianza que inscribe esta obra en los anales más sombríos del metal subterráneo contemporáneo.
Desde lo más profundo del metal colombiano, Rotten Blasphemy desata la Muerte Negra en su última obra, Worshippers of Chaös. Thrash y Black n’ Roll se entrelazan en riffs que funcionan como verdaderos rituales de violencia, caos y devoción satánica, sumergiendo al oyente en una atmósfera opresiva y blasfema desde el primer acorde.
Compuesto por ocho temas que forman un descenso escalonado al corazón del caos, Worshippers of Chaös no es solo un álbum, sino un viaje por paisajes sonoros donde lo oculto y lo prohibido gobiernan cada nota. Cada canción actúa como un conjuro: densas capas de sonido, riffs afilados y atmósferas cargadas de oscuridad revelan la mente y las intenciones corrompidas de quienes lo crearon.
Este trabajo refleja la versatilidad de Rotten Blasphemy, forjada en la devoción al metal extremo clásico y elevada por una filosofía de caos y blasfemia que desafía cualquier límite. Escuchar Worshippers of Chaös es abrazar lo herético, perderse en la violencia sonora y emerger transformado por la sombra.
Para seguidores de lo oscuro y lo prohibido, fans de Watain, Nunslaughter, Old, Archgoat y Sarcófago, este álbum es un auténtico ritual: un fuego que consume, atrae y devora, dejando solo cenizas para los que se atreven a escucharlo.