Con su séptimo trabajo de estudio, Arroganz firma uno de los capítulos más sólidos de su trayectoria. Death Doom Punks no es solo un título provocador: es una descripción precisa de lo que el oyente encontrará al pulsar play. Aquí conviven la crudeza del death metal de vieja escuela con la actitud directa y sin adornos del punk, en un equilibrio que la banda maneja con naturalidad y convicción.
El trío alemán canaliza más de quince años de experiencia en un álbum compacto, seguro de sí mismo y libre de concesiones. La producción refuerza su identidad sonora: un bajo grueso y dominante, baterías que golpean con determinación y una sucesión de riffs macizos que construyen una muralla de sonido sin fisuras. Sobre esa base, las voces guturales emergen profundas y abrasivas, aportando el dramatismo necesario sin caer en excesos innecesarios.
Lejos de reinventarse forzadamente, Arroganz apuesta por perfeccionar su lenguaje. Las influencias son evidentes, pero están plenamente asimiladas; no hay nostalgia impostada, sino respeto por las raíces del death metal clásico y una voluntad firme de mantener su esencia intacta. Esa fidelidad a su visión artística —que a lo largo de los años les ha granjeado tanto elogios como detractores— se percibe aquí con especial claridad.
Death Doom Punks se siente maduro en su construcción y coherente en su discurso. No busca agradar a todos ni suavizar su propuesta: es un álbum frontal, honesto y contundente. En tiempos donde la sobreproducción y la tendencia a pulir aristas dominan buena parte del panorama, Arroganz opta por la autenticidad. Y esa decisión, más que una postura estética, funciona como declaración de principios.