Nox Doloris emergen como un manifiesto de oscuridad absoluta, una obra conceptual con nueve temas que transforma la historia en condena y el mito en arma. Khemet inaugura el descenso invocando un imperio ancestral, erigido sobre el conocimiento y destruido por su propia soberbia. La narrativa se quiebra en Set Maat, donde el equilibrio sagrado se corrompe y el orden divino se desintegra sin retorno.
En Anthem to Resurrected God, la música adopta la forma de una liturgia blasfema que anuncia el regreso de deidades prohibidas. Esa ruptura se convierte en sentencia en No God in Priest, una acusación frontal contra la fe institucionalizada y el poder ejercido desde la impostura. La devastación avanza en Rising Ashes, mientras Way of Deceased conduce a las almas por un tránsito oscuro, sin promesa de salvación.
El peso del pasado se manifiesta como castigo perpetuo en Ancient Legacy Burns, donde la herencia del imperio arde sin posibilidad de extinción. El núcleo ritual de la obra se alcanza en The Cult of Osiris, una ceremonia sonora de muerte, fragmentación y falsa resurrección. El cierre, Plagues and Betrayers, sella el destino final del reino entre traición, pestilencia y colapso absoluto.
Lejos de cualquier épica idealizada, estos nueve cortes consolidan a Nox Doloris como una entidad sonora que disecciona el poder, la religión y la decadencia con precisión implacable. Khemet no mira al pasado con reverencia: lo desentierra, lo profana y lo convierte en una sentencia definitiva tallada en fuego y sombra.
Pandemonium of Egregores, la nueva obra de los franceses MUTIILATION, se manifiesta como una evolución sutil hacia lo melódico sin traicionar su esencia abismal. Compuesto por cinco temas, el álbum guía al oyente a través de un descenso ritual hacia los confines de la muerte, la alienación y la disolución espiritual.
Desde la ominosa Overture, pasando por las sombras que se ciernen en Shadows over the Valley y la desolación prolongada de Fifty Winters, hasta el caos central de Pandemonium of Egregores y el encierro final de Hashischin Cage, cada composición articula el universo de Meyhnach: un paisaje sonoro donde las maldiciones ancestrales y la decadencia del infierno urbano convergen en una visión del mundo marcada por el nihilismo, la misantropía y una oscuridad absoluta.
Forjado en condiciones extremas, Old World Dead es un álbum nacido de la tensión, el desgaste y la determinación. Su composición se desarrolló durante el periodo más oscuro de la pandemia de la COVID-19, en paralelo a profundos cambios en la formación de la banda, factores que marcaron de forma decisiva el carácter sombrío y opresivo del disco.
El título Old World Dead define con precisión su concepto: la visión de un mundo antiguo, corrompido y definitivamente muerto, un paisaje decadente al que no existe deseo alguno de regresar. El álbum se estructura en diez temas que avanzan como un descenso continuo hacia ese escenario desolado, reforzando una atmósfera densa, agresiva y sin concesiones.
A nivel de producción, el disco mantiene una línea coherente con su predecesor, apostando por un sonido crudo, poderoso y directo. La grabación se llevó a cabo en Southock Recording, mientras que la mezcla y masterización fueron realizadas por Wojtek Wieslawski en Hertz Studio, figura clave del metal extremo y responsable del sonido de bandas legendarias como Vader, Behemoth, Hate o Decapitated.
El arte del álbum vuelve a estar firmado por Vladimir “Smerdulak” Chebakov, reconocido por su trabajo con Within Destruction y colaborador habitual de la banda. Su portada refuerza visualmente la sensación de decadencia, muerte y ruina que impregna todo el disco.
Lejos de repetirse o mirar atrás, Old World Dead representa un paso firme hacia adelante. Sin artificios ni experimentos innecesarios, el álbum eleva la intensidad, afila su identidad y consolida un sonido más oscuro, sólido y reconocible. No hay espacio para la nostalgia: solo evolución, brutalidad y una declaración clara de intenciones.
En una era marcada por la claudicación y el desgaste espiritual, el segundo trabajo de AETHER, Verfallsschemen, emerge como un monolito de ruina, ceniza y desolación consciente. Concebido como una obra cerrada y deliberadamente austera, el álbum se articula en cuatro temas, cuatro movimientos que no funcionan como canciones aisladas, sino como etapas de un mismo descenso.
Lejos de cualquier estructura complaciente, Verfallsschemen no aspira a ser una mera sucesión de composiciones: es una inmersión ritual, un espejo implacable de la fractura interior. Entre una melancolía glacial y estallidos de autodestrucción controlada, la obra edifica un paisaje sonoro que rechaza cualquier promesa de redención. Aquí, la belleza no se encuentra en la luz, sino en la contemplación prolongada del abismo.
Cada nota destila nihilismo; cada transición resuena como un testimonio del vacío persistente. Para quienes no se conforman con escuchar, sino que buscan confrontar y sentir, Verfallsschemen no es simplemente un álbum: es una experiencia corrosiva, que arde, se fragmenta y se consume, dejando tras de sí una liberación tan incómoda como inevitable.
Desde la región espectral del norte de Finlandia, donde la luz es una anomalía y el silencio un presagio, Unfyros se manifiesta siguiendo ecos laberínticos surgidos de profundidades totémicas olvidadas. Guiada por el Fuego del Más Allá, la entidad invoca una fuerza nacida de la negación, la soledad absoluta y el anhelo de disolución trascendente. Fundada en Oulu en 2018 por Anti Ittna H. (ex Dolorian, Hexvessel y otros oficios del abismo), la forma ha mutado hasta cerrarse en un trío junto a Nox Vector (percusión) y T. Von Kollaja (bajo): tres voluntades soldadas en una sola hoja, afilada contra la noche.
Alimentado por los estratos más profundos de Ostrobotnia del Norte y poseído por una entidad mental andrógina de naturaleza predatoria e incognoscible, Unfyros surge desde el aislamiento de la extensión glacial, contaminada por las exhalaciones del Nudo de la Noche, para abrir el segundo portal de su obra de larga duración: Star Blood.
Star Blood no es un álbum, sino un tránsito forzado. Siete fórmulas de invocación entrelazadas en cuarenta minutos de descenso irreversible. Durante años de gestación y vigilias sin nombre, corrientes arcanas, famélicas de consciencia, fracturaron un sello prohibido y revelaron una escalera descendente hacia la Gran Llama Blanca y la Puerta Suprema, enterradas en el núcleo del ser. Desde las sombras reflejadas en un subconsciente en combustión, Black Mirror se filtró como un murmullo venenoso, transmitiendo señales desde más allá del umbral de la existencia, hasta ocupar —sin resistencia posible— la mente, la carne y la voluntad.
Sidious, una entidad blasfema surgida de las entrañas del black metal británico, regresa con su cuarto álbum de estudio, «Malefic Necropolis», cuyo lanzamiento está previsto para principios de 2026. Esta nueva obra es la continuación directa de «Blackest Insurrection» (2022) y representa un descenso aún más profundo hacia la oscuridad absoluta.
«Malefic Necropolis» es un álbum más cruel, más violento y más consciente de su propia maldad. La banda refuerza su identidad con composiciones más extensas y retorcidas, enriquecidas con interludios rituales, discursos profanos y atmósferas infernales que recuerdan a los grandes nombres del black metal británico —como Cradle of Filth o Hecate Enthroned— sin perder jamás su carácter propio ni diluir su esencia.
El disco se abre con una introducción mortuoria, densa y sofocante, que actúa como un portal hacia un paisaje sonoro de ruina y condenación. En cuestión de segundos, Sidious desata un aluvión de blast beats implacables que caen como una tormenta de fuego sobre el oyente. Las guitarras cortan como cuchillas oxidadas: rápidas, afiladas y cargadas de un peso malsano, alternando riffs salvajes con melodías negras y envolventes. El bajo ruge desde las profundidades, golpeando sin descanso junto a una batería despiadada, mecánica y brutal, concebida para aplastar cualquier resistencia. Las voces escupen odio puro, veneno y desprecio, variando entre alaridos demoníacos, coros espectrales y pasajes narrativos que intensifican la sensación de ritual y profanación.
Con «Malefic Necropolis», Sidious no solo reafirma su lugar dentro de la escena, sino que se erige como heredero legítimo de la tradición más oscura del black metal del Reino Unido. Este es un álbum feroz, opresivo y sin redención, impregnado de violencia sonora y una atmósfera de odio absoluto que satisfará a los oyentes más extremos.
Sin concesiones. Sin luz. Sin piedad.
Black metal de la vieja escuela, crudo, blasfemo y devastador.
Un viaje a través de la oscuridad más profunda es lo que propone Apocryphis con su primer EP, Your Church Is Burning.
Desde Italia, la banda emerge de las sombras con una obra concebida como un descenso sin retorno hacia lo prohibido. A lo largo de cuatro temas, el grupo esculpe un paisaje sonoro denso y opresivo, donde cada nota hiere, cada riff se clava y cada silencio presagia destrucción.
El recorrido se inicia con “Your Church Is Burning”, un acto incendiario que da nombre al EP y prende fuego a este viaje sonoro, abriendo las puertas de un ritual blasfemo y abrasivo. La oscuridad se retuerce en “Sadomasochistic”, cover del clásico de Carpathian Forest, reinterpretado con una crudeza aún más visceral y llevado a un terreno más áspero y extremo.
La caída continúa con “After Twenty Years of Silence”, una composición cargada de tensión y melancolía corrosiva, como una voz que regresa tras décadas sepultada bajo cenizas y ruinas. El cierre llega con “Breathe”, cover de The Prodigy, transformado aquí en una experiencia sombría y claustrofóbica, donde la agresividad original se transmuta en un aliento viciado y perturbador.
Your Church Is Burning no busca convencer ni complacer: es una inmersión total en la penumbra, un viaje que consume creencias, erosiona la calma y deja al oyente rodeado de ecos, cenizas y una oscuridad que se niega a extinguirse.
Desde un punto del abismo donde incluso la sombra ha sido devorada, FOSSILIZATION vuelve a quebrar el silencio. El dúo brasileño erige con “Advent of Wounds” un monumento sonoro a la podredumbre espiritual: siete cánticos condenados —“Cremation of a Seraph”, “Disentombed and Reassembled by the Ages”, “Scalded by His Sacred Halo”, “Terrestrial Mold”, “Servo”, “While the Light Lasts” y “Temple of Flies and Moss”— que se abren como llagas vivas en la carne del mundo.
El álbum respira como una entidad sepulcral, avanzando con un pulso implacable que aplasta toda luz a su paso. Las guitarras emergen como estructuras fósiles que despiertan de un sueño milenario, y la atmósfera —densa, húmeda, intoxicante— se cierne sobre el oyente como un velo de ruina inevitable.
Antes de que el rito se complete, un fragmento de la condena ya ha sido liberado: “Cremation of a Seraph” está disponible en Bandcamp, un presagio que sirve como chispa enferma anunciando la tormenta total que pronto se desatará.
“Advent of Wounds” estará disponible el próximo mes de febrero de 2026, cerrando definitivamente el círculo de esta invocación abismal.
No hay redención en esta obra. Solo descenso. Solo ruina. Solo el eco interminable de un mundo que se desmorona desde dentro.
FOSSILIZATION no regresa: se manifiesta, como un umbral abierto hacia un vacío del que nadie vuelve intacto.